Siglo XVIII, el siglo de los grandes relojeros (7.ª parte)
Por: Sílvio Pereira

El artículo de hoy es el primero de dos dedicados a ese gran relojero francés que fue Jean-Antoine Lépine. Al genio de Lépine se debe el tipo de relojes que tenemos hoy: finos, ligeros y precisos. Mediante la eliminación de las arcaicas platinas y su sustitución por puentes, Lépine logró esa extraordinaria hazaña que, 250 años después, sigue siendo un estándar de la relojería actual. Pero Lépine no hizo solo eso: también mejoró todas las áreas del mecanismo de los relojes y se preocupó por la estética, tanto de las esferas como del trabajo de embellecimiento y realce de las cajas con el uso del oro y de diamantes. Además, creó también el reloj de tipo "Lépine", en contraposición al reloj de tipo "Saboneta".
En el próximo artículo terminaremos la historia de este gran maestro de la relojería mundial.
Jean – Antoine Lépine 18.11.1720 – 31.05.1814

Jean Antoine Lépine nació en Challex, hijo de un relojero, y comenzó su carrera como primer aprendiz de Decroze, en Saconnex, cerca de Ginebra. En 1744, Lépine se trasladó a París, donde empezó a trabajar como aprendiz de André Charles Caron, relojero de la época que prestaba servicio al rey Luis XV.
En 1756 se casó con Madeleine Françoise Caron, hija de André Charles Caron, y se convirtió en socio de su maestro en la empresa “Caron e Lépine”, que prosperó de 1756 a 1769, con sede en la “Rue Saint-Denis”. El 12 de marzo de 1762, Lépine obtuvo el título de maestro relojero y, en 1766, sucedió a Caron como relojero oficial del rey Luis XV.
A partir de 1772, Lépine se estableció en la “Place Dauphine”. En los años 1778 y 1779 se sabe que trabajó en el “Quai de l'Horloge du Palais”. En 1781, 1783 y 1787 desarrolló sus actividades en la "Rue des Fossés St. Germain l'Auxerrois, du côté du Louvre", y en 1789/90 su taller se encontraba en la "Place des Victoires No. 12".
En 1782, la hija de Lépine, Pauline, contrajo matrimonio con Claude Pierre Raguet, que había sido aprendiz de Lépine antes de convertirse en maestro el 21 de abril de 1785. En 1792, Lépine se hizo socio de Raguet y, posteriormente, entre 1793 y 1794, a los 73 años, decidió jubilarse. A pesar de ello, el taller siguió siendo conocido como "Lépine" y pasó más tarde a los herederos de Raguet hasta ser vendido en 1815.
Lépine también tuvo vínculos comerciales con el famoso filósofo Voltaire, que estableció un taller de relojes en Ferney hacia 1770. Aunque el papel exacto de Lépine en el taller de Voltaire no se conoce por completo, se sabe que encargó trabajos a dicho taller hasta 1792. Según un libro de memorias anónimo de 1784, Lépine pasó 18 meses en Ferney y comerció relojes por un valor anual de 90.000 libras.
Hacia 1770, Lépine revolucionó la fabricación de relojes de bolsillo al concebir un diseño radical que hizo posible crear relojes más finos y portátiles, impulsando la búsqueda de una mayor miniaturización. Esta innovación supuso una ruptura con una tradición de 300 años en la producción de relojes de bolsillo y marcó el inicio de la era de los cronómetros de precisión.
Con este diseño revolucionario nació el reloj de bolsillo moderno, que inauguró una nueva era en la historia de la relojería. La capacidad de producir relojes más precisos y portátiles permitió una difusión mucho más amplia del uso del reloj entre la población en general, convirtiéndolo en un objeto indispensable de la vida cotidiana.
Además de hacer posible la producción de relojes aún más finos, esta innovación se adaptó fácilmente como modelo básico para la fabricación en serie de relojes. Ese proceso comenzó en el siglo XIX, ya que hasta la década de 1840 todos los relojes se trabajaban meticulosamente a mano, lo que significaba que las piezas no eran intercambiables, limitando tanto la cantidad como la calidad de la producción.
El calibre Lépine, uno de los primeros tipos de calibre de reloj mecánico, fue adoptado enseguida en Francia y hoy en día se considera ampliamente un estándar de referencia para el diseño de todos los relojes mecánicos. Es importante señalar que el término “Lépine” puede referirse tanto al propio calibre como a un tipo específico de reloj de bolsillo con caja plana y abierta, con la rueda y la esfera de segundos en el eje de la tija y la corona. En cambio, el reloj Saboneta o Hunter tiene la rueda de segundos y la tija dispuestas en ejes perpendiculares. Desde entonces, este diseño se conoce en la industria relojera como el estilo Lépine.
La obra de Lépine ejerció una profunda influencia en toda la relojería posterior, con especial relevancia en Abraham Louis Breguet, que utilizó una versión modificada del "calibre à ponts"[1] en sus relojes ultrafinos. A lo largo de su carrera, Breguet empleó casi siempre calibres Lépine, adaptándolos después a sus necesidades y características.
Como relojero oficial de Luis XV, Luis XVI y Napoleón Bonaparte, sus creaciones eran muy respetadas y codiciadas, lo que refleja su extraordinaria competencia y su contribución al mundo de la relojería.
Jean – Antoine Lépine, París, h. 1764
Este es un ejemplar de refinamiento absoluto, un reloj de bolsillo con caja consular de oro, que luce 39,0 mm de pura elegancia. La caja está adornada con detalles de latón dorado en la parte frontal, y el movimiento es de tipo verge fusée, una verdadera maravilla de la relojería.
La tapa de la caja está enmarcada por un aro de plata, elegantemente engastado con diamantes que aportan un toque de opulencia a este tesoro. El resto de la caja está ornamentado con grabados de figuras geométricas, testimonio de la refinada artesanía que define esta pieza.
Destaca un pulsador de apertura de la caja de diamante, que eleva aún más el lujo y la sofisticación de este reloj. La esfera del regulador, plateada, es un escenario de elegancia, en perfecta armonía con la aguja del regulador de acero. Presenta un gallo de acero con dos apoyos, elementos que muestran una atención al detalle que trasciende generaciones.
Los pilares redondos, junto con la esfera de cobre esmaltado, están adornados con incrustaciones de plata que forman delicados motivos florales, con pequeños diamantes hábilmente colocados entre los números romanos.
Este reloj lleva la firma “Lépine à Paris”, un sello de calidad y tradición en la relojería. Las agujas de latón plateado también están ricamente detalladas con diamantes, y la aguja de las horas tiene la forma característica de una “flor de lis”, lo que le confiere un toque distintivo y refinado.
Esta pieza no es solo un objeto de precisión, sino una obra maestra que refleja la rica herencia de la alta relojería.
Jean – Antoine Lépine, París, h. 1766
Este ejemplar es un verdadero testimonio de refinamiento en la relojería. Un reloj de bolsillo con una deslumbrante caja consular de oro, que presenta un modesto diámetro de 33,0 mm. Su frente es una obra de arte, adornada con minuciosos detalles de latón dorado. El movimiento es un ejemplo de la más pura elegancia e incorpora el sofisticado sistema verge fusée.
El elemento que llama la atención de inmediato es la tapa de la caja, delicadamente rodeada por un aro de plata, elegantemente engastado con deslumbrantes diamantes. Los detalles artísticos de la caja presentan grabados minuciosamente trabajados con figuras geométricas que añaden una refinada dimensión artística.
Un toque de lujo y refinamiento lo aporta el pulsador de apertura de la caja, enriquecido con un diamante que no solo cumple una función práctica, sino que eleva la pieza a un nivel superior de sofisticación.
El reverso de la caja es una verdadera obra maestra, con delicadas hojas de oro multicolor que danzan en armonía, combinando tonos de blanco, amarillo y rosa. Rodean un elegante bisel esmaltado, cuyo elemento central es el retrato de una dama, enmarcado por un aro plateado y coronado por un nudo en forma de lazo, también plateado, minuciosamente decorado con pequeños diamantes. La técnica de esmaltado conocida como “grisaille”, con una paleta monocromática en tonos grises sobre fondo morado, revela un dominio extraordinario de las artes.
La esfera del regulador es una pieza deslumbrante de plata, enriquecida con números romanos y arábigos, y se complementa con una elegante aguja del regulador de acero azulado. Además, un pequeño gallo de acero de dos pies añade una gracia adicional a la composición. Los pilares están hábilmente trabajados y presentan un diseño redondo, en perfecta armonía con la esfera de cobre esmaltado. La firma “L'Epine h(orlo)ger du Roy à Paris” es más que una simple identificación: es un sello de distinción.
Las agujas de este ejemplar son verdaderas joyas. La aguja de las horas es una pieza de latón plateado con incrustaciones de rubíes, hábilmente moldeada en forma de “flor de lis”. La aguja de los minutos está ornamentada con diamantes, lo que añade una capa adicional de refinamiento a este notable reloj.
Lépine obtuvo el prestigioso título de “Relojero del Rey” en 1766, un hito que dejó una huella indeleble en todas sus obras posteriores.
A lo largo de su carrera, Lépine utilizó diversas abreviaturas de este título, además de emplear ocasionalmente la versión completa.
Este ejemplar es, sin duda, una joya de la relojería que personifica el más alto nivel de refinamiento y sofisticación.
Jean – Antoine Lépine, París, 1766
Este notable reloj de latón dorado, dotado de cuerda frontal y de un sofisticado movimiento de verge fusée, destaca por su platina de esfera de 38,0 mm de diámetro.
La esfera del regulador está hábilmente trabajada en plata, aunque cabe señalar la ausencia de la aguja del regulador.
Llaman la atención los pilares abalaustrados, redondos y notablemente pequeños, que confieren a la pieza una estética singular.
La platina trasera, grabada “L'Epine hor(loger) du Roy A PARIS”, tiene la peculiaridad de no estar numerada. Por su parte, la esfera de cobre esmaltado muestra números romanos y arábigos, con la firma “L'Epine Hor(loger) du Roy A PARIS” en lugar destacado.
Un detalle curioso es el orificio de la cuerda, protegido por un cilindro de acero.
Este ejemplar es testimonio de las distintas formas en que Lépine firmó sus obras, sobre todo después de convertirse en el relojero de Luis XV. Aunque las abreviaturas se mantienen constantes, la caligrafía y la disposición de las palabras, así como la propia firma, pueden variar ligeramente, lo que aporta singularidad a cada pieza.
Jean – Antoine Lépine, París, n.º 1103, 1766
Este exquisito reloj de latón dorado, con cuerda frontal y movimiento de fusée, presenta un mecanismo de repetición de cuartos con la notable patente Lépine, caracterizado por dos martillos de acero “à toc”[2].
La platina de la esfera, con un generoso diámetro de 39,0 mm, presenta una deslumbrante superficie de regulador plateada, elegantemente realzada por una aguja del regulador de acero azulado, que añade un toque de distinción a esta magnífica pieza.
Los pilares abalaustrados, pequeños y de forma redonda, le confieren una elegancia singular.
La platina trasera está hábilmente grabada “Lépine Hor(loger) du Roy A PARIS” y lleva el número “No. 1103”. El aro de la platina de la esfera, por su parte, está libre de grabados.
La esfera de cobre esmaltado está decorada con números romanos y arábigos y lleva la notable firma “Lépine invent et fecit”.
Además, cabe mencionar que el reverso de la esfera está firmado “Palet”.
Las agujas de las horas y de los minutos, de oro, son características del estilo Luis XV y añaden un toque de opulencia a este ejemplar verdaderamente exquisito.
Este movimiento es una pieza notable, considerada la más antigua conocida con la función de repetición de la obra de Lépine, una innovación nacida de la mente creativa de este maestro en 1763. Un informe detallado sobre esta invención se publicó en la ilustre "L'Académie Royale des Sciences" en 1766. La principal motivación de este sistema revolucionario era sustituir el antiguo método de cadena y polea[3] ofreciendo una solución mucho más eficiente. Aunque su fabricación era más compleja, el nuevo sistema reducía considerablemente el número de piezas necesarias para el mecanismo de repetición.
Inicialmente, esta invención atravesó un período de adopción más lento debido a la complejidad de su fabricación. Sin embargo, con el tiempo, muchos relojes equipados con este sistema sobrevivieron y prosperaron. A partir de 1784, Lépine empezó a incorporar sistemáticamente este nuevo sistema en todos los movimientos de repetición, al tiempo que aumentaba el diámetro de los relojes. A medida que pasaban las décadas, las formas de las distintas piezas de este sistema evolucionaron, hasta culminar en el siglo XIX, cuando esta versión perfeccionada fue adoptada por todos los relojeros notables de la época.

Fue en 1853 cuando Louis Moinet publicó finalmente la configuración definitiva de este sistema, consolidando su importancia en la relojería.
Un detalle intrigante es el cambio en la firma de Lépine, que pasó de “Lépine à Paris” a “Lépine Horloger du Roy à Paris” en el número de producción 1100, fechado en 1766. Este dato permite fechar con precisión la aparición de este movimiento. Cabe mencionar que este movimiento es el más antiguo conocido con el añadido de "Horloger du Roy" en la firma de Lépine, lo que aporta prestigio a su obra.
Desarrollo del "calibre Lépine", el movimiento de reloj de puentes, 1762 – 1792

Mientras Lépine perfeccionaba diversos componentes de los movimientos de reloj, en especial los escapes de cilindro y de áncora, y buscaba la estética ideal para el diseño de esferas y agujas, dio un paso revolucionario en la historia de la relojería. Poco a poco, Lépine abandonó el concepto del movimiento de platina entera[4] en favor de una versión más avanzada y funcional, en la que las ruedas, el volante y el escape se fijaban a la platina superior mediante un único pivote y con un sistema de puentes en el otro lado.
En este punto, el fusée fue eliminado, ya que no era necesario para garantizar la precisión del movimiento. Esto no tuvo un impacto negativo en la precisión del reloj, pues no dependía de escapes de cilindro o de áncora, que normalmente requerían el fusée para mantener la regularidad. Con la eliminación del fusée, los movimientos se volvieron más finos, es decir, más delicados y suaves.
Para mejorar aún más la regularidad del movimiento, Lépine introdujo el muelle real cónico[5]. Este muelle tiene un espesor menor en la parte exterior, lo que contribuye a un mejor rendimiento y precisión.
El desarrollo del movimiento del reloj se produjo en varias etapas, que se solaparon a lo largo del tiempo. Sin embargo, incluso durante este proceso evolutivo, Lépine siguió empleando el sistema de “platina entera” en todos sus relojes. Esto significa que la estructura de la platina del reloj estaba completamente cubierta, sin aberturas ni recortes. La ventaja del nuevo calibre era evidente: cada rueda podía separarse y ajustarse sin necesidad de desmontar todo el movimiento y, además, la nueva disposición permitía que los relojes fueran más finos.
Otros relojeros siguieron su ejemplo y perfeccionaron aún más el movimiento de puentes, y Abraham Louis Breguet desempeñó un papel importante en ese desarrollo. El movimiento Lépine de puentes se sigue utilizando en los relojes mecánicos modernos y representa un avance natural tras las aportaciones de Breguet. Estas mejoras continuaron a lo largo del siglo XIX, simplificando y automatizando el proceso de fabricación.
Primer calibre de transición, 1762 – 1764

Esta versión se desarrolló con el objetivo de crear el movimiento más pequeño y fino posible. Una característica muy destacada de este calibre es la presencia del barrilete[6], visible a través de la platina trasera. Esta particularidad se adoptó también en muchos movimientos posteriores de este tipo.
Estos movimientos posteriores presentan con frecuencia un escape de cilindro de acero o latón al estilo inglés, que ahorra un espacio considerable en comparación con el escape de verge. A pesar de ello, en estos movimientos la cuerda se sigue dando por el lado de la esfera y siguen articulados a una caja.
Pocos ejemplares de estos movimientos han sobrevivido al paso del tiempo, y todos ellos fueron utilizados por relojeros de Lépine o de París vinculados al taller de Lépine.
Jean – Antoine Lépine para Daniel Vaucher, París, h. 1762
Este elegante reloj luce un movimiento de cilindro de latón dorado con esfera de 24,5 mm y una profundidad de 6 mm.
Destaca la ausencia del eje central.
Se aprecia la característica del barrilete sin pilar con tren de rodaje cerrado[7], visible a través de una sección extraíble, hábilmente grabada con la escala de regulación[8].
El escape es de cilindro (dead beat)[9] de latón, mientras que el volante es de acero e incorpora la espiral.
Esta pieza pertenece al primer tipo de movimiento de transición, desarrollado antes de la creación del relevante “calibre Lépine de barrilete suspendido”[10]. La esfera es una obra de arte de cobre esmaltado en dos colores, sin ninguna firma.
Es fundamental mencionar que Lépine fue pionero en el uso de cifras arábigas para indicar las horas, una innovación que posteriormente se modificó ligeramente hasta convertirse en las famosas “Chiffres Breguet” (cifras Breguet).
Segundo calibre de transición, 1767 – 1770

Solo se conocen cinco relojes con este notable calibre, cada uno con características distintas. Algunos presentan una sofisticada doble áncora o un escape mixto. Uno de estos relojes destaca por su mecanismo de "cuerda de bomba" (en el que la cuerda se da a través de la tija). En los demás, la cuerda se da hábilmente por el lado de la esfera.
Una característica verdaderamente llamativa de este calibre es una generosa abertura en la platina trasera, que permite una visión clara y deslumbrante del complejo mecanismo de escape. Esta abertura única permite colocar el volante con extrema elegancia y precisión, de modo que la espiral queda delicadamente a la altura de la platina trasera. Para añadir aún más refinamiento, el puente del volante se modificó con elegancia y presenta ahora la graciosa forma de un arco, cuidadosamente fijado con dos tornillos.
Estos excepcionales relojes son verdaderas obras maestras de la relojería, que atestiguan no solo el genio de Lépine, sino también su búsqueda incesante de la innovación y la excelencia en el mundo de la ciencia del tiempo.
Jean – Antoine Lépine, París, n.º 1251, 1767
Este magnífico reloj luce una caja de oro con exquisitos detalles de latón dorado, una verdadera obra de arte relojera. El escape de doble áncora pertenece al segundo tipo de transición y refleja el constante proceso evolutivo hacia el movimiento Lépine de calibre de puentes[11].
Un detalle destacado es la posición sorprendentemente baja del volante de latón, con la espiral de acero delicadamente nivelada con la platina. Un elegante puente en forma de T sostiene con maestría el volante, que está adornado con un gallo de acero. La aguja del regulador, también de acero, añade un toque de refinamiento al conjunto.
La platina trasera está grabada con el índice del regulador, además de la firma “Lépine hor(lo)ger du Roy A Paris”, y numerada “1251”. Contrariamente a los métodos tradicionales, el movimiento no está fijado mediante una bisagra, sino con tres refinados tornillos de sujeción de acero, lo que demuestra la búsqueda constante de innovación y de una calidad superior.
La deslumbrante esfera de cobre esmaltado, aunque ha pasado por varias fases de firma a lo largo del tiempo, como “L'Epine Horloger du Roy” o “Breguet-hands”, lleva consigo la historia de la relojería.
La cuvette, o guardapolvo[12] es de latón dorado y no lleva ninguna firma.
Y, como testimonio de la influencia duradera de Lépine, este es solo uno de los cerca de cinco relojes supervivientes firmados por este maestro relojero. Cada ejemplar es una joya única y una verdadera reliquia, que demuestra la extraordinaria habilidad y visión de Lépine.
Tercer calibre de transición, 1770 – 1771
Solo se conocen dos movimientos de este calibre. Uno tiene escape de cilindro (IIIa), mientras que el otro presenta escape de áncora (IIIb). Ambos movimientos están fijados a la caja por la parte trasera, sin articulaciones visibles.
La cuerda y la puesta en hora se realizan por la parte trasera, una innovación de Lépine que se convirtió en estándar en versiones posteriores.
El calibre incluye una tapa guardapolvo que también indica el sentido de la cuerda y el ajuste manual.
El barrilete atraviesa la platina trasera, que se reintrodujo para sostener el escape y las demás ruedas del tren.
El volante y el barrilete del muelle real están unidos por un puente. En la variante (IIIb), ese puente que sujeta el barrilete está fijado con un solo tornillo.
Jean Antoine Lépine para Carl Erick Orbin, No. 371, Estocolmo, 1770, 1785
Este reloj es una pieza magnífica, con una deslumbrante caja consular de oro. El movimiento de cilindro de latón dorado es un ejemplo notable de ingeniería relojera. Posee un calibre Lépine de transición, único, situado entre el segundo y el tercer tipo.
El barrilete, una parte crítica del movimiento, está sujeto por un puente arqueado y hábilmente grabado. Otro toque de artesanía exquisita es el gallo del volante, ornamentado con grabados de estilo francés. La rueda de escape de cilindro, un componente vital del movimiento, es de latón.
La platina trasera cuenta una historia única, con la inscripción “Carl Er(ick) Orbin Stockholm No. 371”, al unísono con el grabado del índice del regulador. Además, posee una exquisita placa grabada con las iniciales de Orbin, “C E O” (Charles Edouard Orbin), y un gallo de acero sin rubíes.
Este reloj es una pieza de una precisión y funcionalidad extraordinarias. Presenta una palanca en el borde de la esfera, situada a las 4 horas. Esta palanca de parada actúa como freno del volante y permite detener el movimiento cuando es necesario, una característica notable que añade versatilidad al reloj.
La rueda de segundos centrales funciona por debajo de la esfera, con la aguja de los segundos elegantemente situada entre las agujas de las horas y de los minutos. La esfera de cobre esmaltado es majestuosa y presenta el nombre del propietario, “Johan Romberg”, junto con la indicación de la hora y la inscripción “Orbin”. Las agujas doradas originales, de estilo inglés, complementan a la perfección la estética de la esfera.
En resumen, este reloj no es solo una pieza de relojería, sino también una obra de arte y sofisticación, repleta de detalles que demuestran la habilidad y el talento de los artesanos.
Los avances de Lépine tuvieron una amplia difusión y una rápida adopción en toda Europa. En concreto, gracias a la colaboración de Jean Antoine Lépine con André Hessen, un sueco expatriado establecido en París, estas innovaciones llegaron también a la península escandinava.
Este movimiento incorpora varias innovaciones, entre ellas un calibre de transición único de Lépine, un sistema de cañón de cuerda[13], una platina trasera perforada y un nuevo sistema de freno de cañón [14] situado en la platina trasera. Además, presenta un escape de cilindro y una nueva forma de muelle regulador del volante concéntrico[15]
acompañado de un amplio volante circular de acero[16]. En general, todas estas características técnicas llevan a clasificar este movimiento como una síntesis entre el segundo y el tercer tipo de transición, que incluye también algunas características del primer calibre de transición.
Este reloj fue vendido a:
Johann Friedrich Wilhelm Moritz von Romberg 1724 – 1792

Hijo de Konrad Stephan, barón de Romberg (1691 – 1755), un destacado noble y jefe de los Caballeros del Condado de Mark, y de Mechtel Matia Christine von Botlenberg (1700 – 1771). Johann Romberg desarrolló una carrera notable en el ejército prusiano, alcanzando el grado de general de división y jefe del Regimiento de Infantería “Schottenstein” Nr.16 en Königsberg (Prusia) el 22 de mayo de 1785.
Königsberg, que antes formaba parte de Prusia, pasó a llamarse Kaliningrado en 1946 y es actualmente la capital de un enclave ruso denominado "Óblast de Kaliningrado", situado entre Polonia y Lituania. La ciudad tiene una conexión directa con la bahía de Gdansk y, por tanto, con el mar Báltico oriental. Estocolmo, que está a solo unos 600 km de Königsberg, es fácilmente accesible en barco. Es comprensible que Romberg encargara el reloj en Estocolmo, ya que no había otros centros relojeros importantes en la región de Königsberg.
Los avances científicos y tecnológicos rara vez siguen una progresión lineal; en cambio, reflejan una búsqueda constante del compromiso ideal y un enfoque basado en el ensayo y error. Un ejemplo fascinante de ello es un reloj equipado con un sistema de freno del volante accionado por palanca, que lo convierte en una herramienta científica de gran precisión. Estos relojes podían sincronizarse perfectamente con relojes de referencia extremadamente precisos, lo que permitía una cronometría exacta. Inicialmente se utilizaban como instrumentos de observación en contextos astronómicos.
Es importante subrayar que el sistema de freno del volante, accionado por una palanca en el borde de la esfera, se interpreta a menudo erróneamente como una forma primitiva de cronógrafo. Sin embargo, este sistema fue diseñado exclusivamente para detener el movimiento del reloj, con el fin de sincronizarlo con un reloj de precisión.
Cuarto calibre de transición, 1771

Este calibre presenta prácticamente todas las características de la versión final conocida como “versión de puentes”. La estructura del movimiento comprende la platina superior, todas las ruedas, el escape y el volante, todos ellos sostenidos por puentes. Estas partes se fijan en puentes atornillados a la platina principal del movimiento, lo que proporciona estabilidad y soporte. La caja es articulada, lo que permite abrirla.
La activación del muelle se produce al pulsar un pequeño botón situado en el borde del movimiento. Esta acción libera el muelle y permite que ponga en marcha el movimiento del reloj. La única diferencia notable entre esta versión de transición y la versión final (de puentes) reside en la forma en que se sostiene el barrilete. En la versión de transición, este se sujeta mediante un puente específico, mientras que en las versiones finales queda suspendido libremente, sin el soporte adicional del puente.
Jean – Antoine Lépine, París, 1771

Se trata de un mecanismo de reloj fabricado en latón dorado, con cuerda trasera y un movimiento de cilindro de 53 mm de diámetro. El mecanismo posee un cuarto calibre de transición multipuentes, anterior a la introducción del clásico calibre de puentes Lépine.
El volante es de acero pulido, mientras que el cilindro es de latón. Lamentablemente no existe trabajo de movimiento ni esfera, y no hay ninguna firma visible.
Las agujas del reloj se ajustan desde la parte trasera, siguiendo el mismo patrón que la versión final.
Curiosidad:
En relojería, multipuentes significa que un reloj tiene más de un puente. Hay varios motivos para que un reloj tenga varios puentes. Uno de ellos es aumentar la precisión del reloj. Un reloj con varios puentes puede oscilar con mayor frecuencia, lo que lo hace más preciso. Otro motivo es añadir un toque de complejidad y sofisticación al reloj.
Los relojes con varios puentes pueden tener dos, tres, cuatro o incluso más. Los relojes con dos puentes son los más comunes. Los de tres son menos comunes, pero todavía existen algunos modelos disponibles. Los de cuatro o más son muy raros y, por lo general, muy caros.
Estos son algunos ejemplos de relojes con varios puentes:
Patek Philippe Calibre 89: este reloj tiene 36 puentes y está considerado el reloj más complejo del mundo.
Vacheron Constantin Patrimony Contemporaine Quantième Complet: este reloj tiene dos puentes y es un ejemplo de reloj de alta calidad con más de un puente.
Notas:
[1] El "calibre à ponts" se caracteriza por tener una serie de puentes, que son placas metálicas finas, a menudo en forma de puente, que cubren y protegen las partes internas del movimiento. Estos puentes se utilizan para mantener las distintas partes del movimiento en su sitio y garantizar que funcionen de forma precisa y estable.
La principal ventaja de este diseño es que aumenta la rigidez y la durabilidad del movimiento, protegiendo las partes internas de golpes y polvo. Además, muchas personas consideran el diseño “à ponts” estéticamente atractivo, ya que los puentes pueden decorarse con motivos intrincados, grabados y acabados que convierten el movimiento en una obra de arte.
[2] Cuando un reloj se describe como “à toc”, significa que posee una complicación adicional conocida como repetición de minutos. La repetición de minutos es una función especial que permite al usuario accionar un mecanismo para que el reloj emita sonidos que representan las horas y los minutos. Estos sonidos suelen producirse mediante pequeños martillos que golpean gongs dentro de la caja del reloj. Al accionar el mecanismo, el reloj reproduce una secuencia de golpes para indicar las horas y, a continuación, un número de golpes para indicar los minutos transcurridos desde la última hora.
[3] Se refiere a un sistema de transmisión de energía mecánica que consiste en una cadena y una polea, que es una rueda con una ranura en el borde por la que pasa la cadena. En relojería, la cadena y la polea se utilizaban con frecuencia para transmitir la energía del mecanismo de cuerda al mecanismo de repetición. Cuando se accionaba el reloj para dar las horas o los minutos, la polea tiraba de la cadena, activando así el mecanismo de repetición. Este sistema tenía algunas limitaciones en cuanto a eficiencia y complejidad, lo que llevó a innovaciones como el sistema de repetición creado por Lépine, que ofrecía una solución más eficiente y elegante para esta función.
[4] Se refiere a un tipo de construcción del movimiento en el que todas las piezas internas del mecanismo están montadas en una única platina, conocida como “platina principal” o “platina de fondo”. En este tipo de movimiento no hay aberturas ni recortes en la platina principal, y todos los engranajes, muelles y componentes del mecanismo están montados en ella. El movimiento de platina entera tiene limitaciones en cuanto a la accesibilidad para ajustes y reparaciones, ya que requiere su desmontaje completo.
[5] Es un tipo de muelle que se utiliza para almacenar energía en un reloj mecánico. También se conoce como muelle principal o muelle del barrilete.
[6] Se refiere a la existencia de un compartimento específico en el movimiento del reloj llamado “barrilete”. Este “barrilete” es una parte importante del mecanismo de cuerda, donde el muelle real está alojado y se mantiene bajo tensión. Cuando se da cuerda al reloj, en realidad se está enrollando el muelle dentro del “barrilete o tambor”.
[7] Describe una configuración específica que se encuentra en algunos movimientos de relojes mecánicos. En esta configuración, el barrilete, responsable de almacenar la energía del muelle real, se coloca en el centro del movimiento, y el tren de rodaje, formado por los engranajes que transmiten la energía del barrilete al mecanismo de escape, se sitúa alrededor del barrilete, formando un conjunto compacto y cerrado.
[8] Es una parte esencial del mecanismo de un reloj, ya que permite a los relojeros ajustarlo para que se mantenga preciso a lo largo del tiempo. La precisión de un reloj mecánico puede verse afectada por diversos factores, como las variaciones de temperatura, el desgaste de las piezas y otros factores externos, y la escala de regulación es una herramienta valiosa para mantener el reloj funcionando con la mayor precisión posible.
[9] La traducción literal sería “batida morta” (golpe muerto); en portugués se utiliza el término “segundos mortos” (segundos muertos): la aguja de los segundos da pequeños saltos cada segundo, deteniéndose brevemente antes de avanzar a la siguiente marca.
[10] Es un tipo específico de movimiento de reloj. En este tipo de calibre, el barrilete del muelle real está suspendido únicamente de un puente o de la platina superior, en lugar de estar fijado por ambos extremos.
[11] Es un término que se utiliza para describir un tipo de arquitectura del movimiento de un reloj en la que los engranajes, las ruedas y otros componentes se montan en una estructura de puentes. El puente es una placa de metal que atraviesa el movimiento del reloj, sujetando y fijando los componentes en su sitio.
[12] Es la tapa que protege la esfera y el movimiento del reloj. Por lo general, es la tapa situada en el lado opuesto a la tapa principal.
[13] Se refiere a la parte que sobresale del exterior del reloj, donde se inserta la corona para dar cuerda al mecanismo.
[14] Está diseñado de forma que, una vez que la cuerda del reloj está completamente armada, la corona no pueda seguir girándose, lo que impide que el usuario siga dando cuerda en exceso. Por lo general, el freno de cañón se implementa como un embrague o una palanca que desacopla la corona del mecanismo de cuerda cuando la tensión alcanza el nivel adecuado. Esto impide que el usuario aplique a la cuerda más fuerza de la necesaria.
[15] Es un muelle en forma de anillo compuesto por diferentes metales, diseñado para compensar las variaciones térmicas y regular la oscilación del volante.
[16] Se refiere al propio volante del reloj. Un volante amplio suele indicar que su diámetro es relativamente grande en comparación con otros relojes. Esto puede tener implicaciones en la estabilidad y precisión del reloj, ya que un volante más amplio tiende a tener una frecuencia de oscilación más lenta, lo que puede conducir a una mejor precisión.




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