Cómo comprar un reloj vintage

Un Universal Genève Tri-Compax, uno de los relojes que pasaron por el Tempo Passado. Fotografía: IPR.
El sábado 28 de noviembre, el Tempo Passado — Salón de Relojería Vintage — vuelve al Lisboa Jupiter Hotel en su 5.ª edición. Sobre las mesas habrá relojes de 40, 60 o 100 años, y casi ninguno ha llegado hasta hoy tal como salió de fábrica. Eso no es un problema. El problema es no saber qué se está comprando. Esta es la guía del IPR para mirar un reloj antiguo antes de pagar por él.
¿Original, de servicio o montado?
Un reloj que ha vivido medio siglo ha pasado por revisiones, golpes, cristales rotos y coronas gastadas. Cambiar piezas forma parte de la vida de cualquier reloj. Lo que importa a quien compra es saber cuáles se cambiaron, por qué y quién lo hizo.
Original: esfera, agujas, caja y movimiento son los de origen y coinciden entre sí.
Con piezas de servicio: en una revisión, la marca cambió la esfera, las agujas o el bisel por piezas nuevas. Son auténticas, pero no son las de origen, y el reloj vale menos que un ejemplar original.
Redial: la esfera ha sido repintada o reimpresa por terceros. Debe ser un buen trabajo y puede tener más sentido en relojes de uso frecuente que en relojes históricos aptos para subasta.
Relume: el material luminiscente de la esfera o de las agujas se ha rehecho.
Montaje («Frankenstein»): reloj hecho con piezas de ejemplares distintos y presentado como si hubiera salido así de fábrica.
La frontera entre un reloj honesto y un mal negocio está casi siempre en la descripción. Un reloj con esfera de servicio, vendido como tal y al precio justo, es una compra legítima. El mismo reloj vendido como «todo original» no lo es.
Una pieza cambiada no es un defecto. Una pieza cambiada que se oculta, sí.
Ni siquiera las grandes subastas están a salvo. En 2021, un Omega Speedmaster ref. 2915-1 se vendió en Phillips por 3.115.500 francos suizos y después resultó ser un montaje de piezas Omega, como contamos en «Un Omega Frankenstein, 3,2 M€ después» (en portugués).
La esfera: donde está la mayor parte del valor
En un reloj vintage, la esfera suele ser la pieza que más pesa en el precio. También es la que más se repinta. Algunas señales de alerta:
Una esfera perfecta en un reloj gastado. Cincuenta años dejan huella: si la caja está cansada y la esfera parece nueva, conviene preguntar por qué.
Letras gruesas, desalineadas, mal centradas o demasiado cerca del borde.
Logotipo, tipografía o textos que no coinciden con ejemplares documentados de la misma referencia.
Material luminiscente de las agujas con un color o un envejecimiento distintos de los índices.
Las marcas en la parte inferior de la esfera ayudan a fecharla. Hasta principios de los años 60, el material luminiscente era a base de radio, y muchas esferas dicen solo «Swiss». Llegó después el tritio: en Suiza, la marca con «T» fue obligatoria a partir de 1964, de ahí «T Swiss T» o «Swiss T<25». Desde finales de los 90, el tritio dio paso a materiales no radiactivos, como el Super-LumiNova, y la «T» desapareció.
Estas marcas fechan la esfera, no el reloj. Un reloj de los años 50 con «T Swiss T» en la esfera tiene, casi con seguridad, una esfera posterior — muchas veces, una esfera de servicio.
La marca de la parte inferior de la esfera fecha la esfera, no el reloj.
Un aviso práctico: el radio es radiactivo. Una esfera así no se raspa, no se lija y no se abre en casa.

Relojes de bolsillo a la venta en uno de los puestos del Tempo Passado de 2023, en Lisboa. Fotografía: IPR.
Agujas, caja y corona
Las agujas se cambian con facilidad y son, por eso, de las piezas que más a menudo no pertenecen al reloj. Compare la forma y la longitud con ejemplares documentados: la aguja de los minutos debe llegar a la minutería y la de las horas a los índices.
En la caja, busque el pulido. Una caja muy pulida pierde las aristas vivas, los biseles y el dibujo de las asas, y ese desgaste no se recupera. Compruebe también que la referencia y el número de serie, grabados donde la marca solía grabarlos, son legibles y coherentes con el modelo. En un reloj de oro, busque los punzones de contraste.
Corona, cristal y brazalete sustituidos son normales en un reloj antiguo y pesan poco en el valor, siempre que no se presenten como originales.

Un Edox Geoscope en el Tempo Passado. Fotografía: IPR.
El movimiento
Pida ver el movimiento. Compruebe que el calibre corresponde a la referencia, que está firmado por la marca cuando debería estarlo, y que no hay óxido, señales de humedad ni tornillos marcados por destornilladores mal usados.
Ponga el reloj en marcha delante de usted. Dele cuerda a mano y compruebe que la corona gira sin puntos duros. Ponga la hora y, si tiene fecha, pásela — pero lejos de la medianoche, como explicamos en nuestra guía del cambio de hora. En un automático, muévalo con cuidado y compruebe que la masa oscilante gira. En un cronógrafo, pruebe a ponerlo en marcha, pararlo y volverlo a cero varias veces.
Un reloj que funciona no es un reloj revisado. Un movimiento sucio o con los aceites secos puede funcionar durante semanas mientras se desgasta por dentro.
Papeles, estuches y extractos de archivo
El estuche y los papeles de origen añaden valor, sobre todo cuando los números coinciden con los del reloj. Compruebe siempre esa coincidencia: papeles y estuches también se compran y venden por separado.
Varias marcas — entre ellas Omega, Longines, Patek Philippe y Vacheron Constantin — emiten extractos de archivo a partir del número de serie. Por lo general indican la referencia, el calibre, la fecha y el país al que se envió el reloj. Las condiciones, los precios y los plazos varían de una marca a otra y conviene confirmarlos en la web de cada una.
Un extracto confirma que ese número existe y lo que la fábrica registró sobre él. No confirma que la esfera, las agujas y la caja que tiene delante sean las que salieron con ese número. En Omega, por ejemplo, la fecha indicada es la del envío del reloj completo, no la de fabricación.

Un Yema Worldtime en el Tempo Passado. Fotografía: IPR.
Hermeticidad y revisión
Un reloj de buceo de los años 60 ya no es hermético, diga lo que diga la esfera. Las juntas envejecen, y el cristal y la corona pueden haberse cambiado. Antes de llevarlo al agua, haga comprobar su hermeticidad.
Sume al precio una revisión. En muchos relojes antiguos es inevitable, y en calibres con piezas descatalogadas puede tardar, porque hay que encontrar o fabricar las piezas.
El precio de un reloj vintage es lo que se paga al vendedor más lo que se paga al relojero.
A quién se compra y qué dice la ley
Antes de comprar, compare con ventas ya realizadas de la misma referencia y en el mismo estado. Un precio muy por debajo del mercado rara vez es suerte.
Hay un conjunto de reglas que deben cumplirse cuando la venta la realiza un profesional. Entre particulares, este régimen no se aplica. Explicamos las reglas en «Garantías en relojería — el marco legal esencial».

Un reloj Hebdomas en el Tempo Passado. Fotografía: IPR.
En el Tempo Passado
El Tempo Passado se celebra el sábado 28 de noviembre, de 10:00 a 18:00, en el Lisboa Jupiter Hotel, Avenida da República, 46, en Lisboa.
Está abierto a empresas y particulares, para la compra y venta de relojes antiguos, piezas y suministros, herramientas y otros objetos de relojería. Las entradas para visitantes y las inscripciones de vendedores están en la web del IPR, y la información sobre el salón, en www.tempopassado.pt.
Lleve una lupa, haga preguntas y anote lo que le diga el vendedor. En un salón, el vendedor y el reloj están delante de usted: es el mejor momento para preguntar. Para quien restaura, es también un mercado de piezas — una aguja, una corona o un cristal de época pueden estar en una de las mesas.
Y después de la compra
Si ya ha comprado un reloj, o está pensando en comprarlo, tráigalo al taller del IPR. Hacemos un presupuesto sin coste, con los problemas detectados y una propuesta de solución. Sobre la originalidad damos solo una opinión: la certificación no es un servicio que preste el IPR.
La recepción de relojes es de lunes a viernes, de 10:00 a 12:00 y de 13:30 a 17:00, en la Rua Alfredo da Silva, 13B, en Lisboa.




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