EL MECANISMO DEL JET LAG
Efectivamente, a la realidad no se le puede dar cuerda, ni admite pilas. Por si fuera poco, resulta imprecisa, poco fiable e imprevisible y, la mayoría de las veces, sencillamente no nos gusta. Sin embargo, rechazarla tiene consecuencias indeseadas. El jet lag es un ejemplo paradigmático de ese rechazo corporal de la realidad. Exploremos su mecánica.

El jet lag es una bofetada de la realidad externa a nuestra realidad interna. Este choque entre realidades se debe a los "zeitgebers", un término alemán que significa "dadores de tiempo" o "sincronizadores". En biología, un zeitgeber es cualquier estímulo externo que ayude a regular el ciclo circadiano de un organismo. El ciclo circadiano es un ritmo biológico interno de aproximadamente 24 horas que influye en funciones fisiológicas como el sueño y la alimentación. La luz solar, la temperatura ambiente, los ciclos de alimentación y las actividades sociales pueden considerarse zeitgebers. Son cruciales para la salud y el bienestar de muchas especies, incluidos los seres humanos. Las alteraciones de los zeitgebers naturales, como la presencia o ausencia de luz, pueden provocar trastornos del sueño y otros problemas de salud.

QUÉ ES EL JET LAG
Willy Fog tardó 80 días en recorrer 65.000 km, mientras que hoy tardaríamos apenas 80 horas. El personaje de “La vuelta al mundo en 80 días” seguramente no sufrió jet lag. Los viajes largos que implican atravesar varios husos horarios en pocas horas dan lugar a lo que llamamos "síndrome del cambio de huso horario", o jet lag. Los husos horarios actúan como fronteras; viajar dentro del mismo huso no provoca alteraciones, pero al atravesar varios, nuestras necesidades internas se desajustan de las externas. En esa situación, nuestro cuerpo mantiene el ritmo al que está acostumbrado y no se ajusta de inmediato a la nueva realidad externa. Por suerte, tiene capacidad de adaptación.
CÓMO PREVENIR EL JET LAG
Existen estrategias para que usted salga victorioso de la lucha entre la realidad interna y la externa. Una de ellas es reservar un vuelo que llegue al destino a primera hora de la noche, preferiblemente antes de las 22:00. Al llegar, ajuste su rutina para acostumbrar al organismo al cambio de huso horario. La idea es adaptar gradualmente los horarios de sueño, de comidas y de exposición al sol. Empiece este cambio incluso antes de iniciar el viaje. En los días posteriores a la llegada, procure descansar lo máximo posible. Durante el vuelo, es fundamental beber mucha agua, ya que la deshidratación puede agravar los síntomas del jet lag. Si viaja de noche, intente dormir durante el vuelo, manteniendo sus patrones normales de sueño. Las gafas de sol pueden ayudar a adaptarse a los nuevos patrones de luminosidad. Es esencial adoptar inmediatamente el horario del destino, lo que implica mantenerse despierto hasta el anochecer y despertarse al amanecer, adaptándose al nuevo ritmo en pocos días. Prefiera comidas ligeras y evite la cafeína después del mediodía si es sensible a ella.
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EL JET LAG DE LA MIMOSA PUDICA
Mimosa pudica, que podría parecer un apelativo cariñoso digno de la más delicada de las novias, es en realidad el nombre científico de una planta muy peculiar. Es sensible al tacto: un estímulo en una de sus hojas provoca una reacción en cadena en las hojas adyacentes. Al tocarla, la hoja se repliega y afecta a las hojas cercanas, que también se cierran. Durante el día, la planta abre todas sus hojas y por la noche las recoge. Este movimiento sigue el ritmo circadiano de la planta, regulado por la exposición a la luz, entre otros zeitgebers. Si viajáramos de Portugal a Nueva Zelanda con nuestra Mimosa pudica, tanto la planta como nosotros mismos sufriríamos jet lag y, al cabo de unos días, ambos nos habríamos adaptado al nuevo ritmo.

EL OSCILADOR CIRCADIANO
El ritmo con el que el Sol aparece ante nuestros ojos cada día genera efectos que perduran incluso en su ausencia. Si los relojes tienen una espiral que oscila, los seres humanos se rigen por un ritmo circadiano. En esta analogía, el Sol funciona como una especie de muelle real que suministra energía a la espiral y mantiene su movimiento oscilatorio. Nuestro ritmo circadiano actúa como el oscilador de un reloj, impulsándonos a sentir sueño por la noche y a perderlo durante el día. Lo mismo ocurre con las plantas; en el caso de la Mimosa pudica, es como si las hojas durmieran por la noche y despertaran durante el día. Todos seguimos los ritmos y las oscilaciones naturales del planeta. Quizá sea también por eso que los relojes de cuerda manual nos parecen tan naturales. La cuerda de la mayoría de los relojes está diseñada para durar poco más de un día. Así como sentimos una nueva energía cada mañana, también damos cuerda a nuestro reloj a diario. Al colocar un reloj en un cronocomparador, observamos que los cambios realizados en el registro no se manifiestan de inmediato; es necesario dejar que la marcha del reloj se adapte a las nuevas condiciones. Al viajar a través de varios husos horarios, estamos sujetos a varios cambios y, al igual que un reloj que se ajusta en un cronocomparador, también nosotros tardamos algún tiempo en ajustar nuestro ritmo interno. A este retraso en la adaptación del ritmo circadiano lo llamamos jet lag.
REALIDAD DE CUERDA
Al fin y al cabo, la realidad posee una especie de cuerda, que es la rotación de nuestro planeta y, con ella, la exposición periódica al Sol, a las variaciones de temperatura, etc. Inicialmente, inventamos el tiempo para medir este proceso. En la época de los imperios romano y otomano, llegó a utilizarse un sistema de medición del tiempo que respetaba la cantidad de luz diaria. Este sistema se llamaba horas temporales. Los relojes con horas temporales, como los wadokei japoneses, tienen marcadores móviles. Estos marcadores, normalmente doce, se acercan y se alejan a lo largo del año para garantizar siempre seis períodos de luz y seis de oscuridad. Las horas temporales son una forma bastante ingeniosa de medir el ritmo natural del planeta. Sin embargo, a pesar de las variaciones en los períodos de claridad y oscuridad, los seres humanos necesitan períodos de descanso fijos. Quizá sea esa la razón por la que el sistema de horas temporales acabó abandonándose. El ritmo circadiano obedece a períodos fijos y no a períodos variables; esa es nuestra realidad inmutable.





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