top of page

Elogio de la terquedad en relojería

hace 9 horas
8 min de lectura

La terquedad en relojería no es un rasgo menor - ha tenido y sigue teniendo un papel protagonista, poco comentado pero fundamental. Vamos a conocer la mecánica de esta terquedad, a ver cómo contribuye esta mecánica a la relojería y a conocer también las funciones de sus dos exponentes: el pesimismo y el optimismo. Nos interesa comprender esta obstinación técnica que, lejos de ser un mero capricho, constituye muchas veces el motor silencioso del progreso relojero.

La propia palabra portuguesa teimar («obstinarse») remite al latín vulgar timare, ligado a timidus («miedoso», «receloso»), raíz que dio origen también a «tímido», «timidez» e «intimidar».

Paradójicamente, en relojería esa herencia semántica evoluciona a veces hacia algo distinto: una persistencia disciplinada, capaz de repetir, corregir y perfeccionar hasta que el mecanismo alcanza exactitud, estabilidad y coherencia funcional.



Etimología: de la terquedad a la persistencia


Desde el punto de vista etimológico, la terquedad no remite al valor, sino más bien a un fondo de temor o desconfianza, dado que teimar se relaciona con el latín vulgar timare y con timidus («miedoso»). En ese sentido, el terco, en la raíz semántica de la palabra, no «tiene miedo» de algo concreto en el exterior, sino que revela una resistencia interior: el temor a ceder, a abandonar una convicción o a aceptar una alternativa incierta. La obstinación surge así como una forma de firmeza defensiva, una persistencia que históricamente evolucionó del ámbito del temor y la desconfianza hasta el significado actual de insistir de modo rígido en una posición. A la luz de su etimología, teimar evoluciona hacia el sentido de insistir y no ceder, lo que acerca la terquedad a la idea de persistencia siempre que se produce el fascinante fenómeno de que esa resistencia interior se transforme en capacidad productiva.


La mecánica relojera de la terquedad


En relojería, la persistencia es una cualidad históricamente indispensable: la repetición meticulosa de gestos, la corrección paciente de errores de fabricación, el reglaje de la marcha y la búsqueda de soluciones técnicas exigen una forma de «terquedad» disciplinada, orientada a la precisión.


Figuras como John Harrison, que insistió durante décadas en resolver el problema de la longitud con sus cronómetros marinos, Abraham-Louis Breguet, que persiguió mejoras técnicas continuas en escapes y complicaciones, o George Daniels, que perseveró en la concepción del escape coaxial frente al escepticismo inicial de la industria, ilustran bien esa persistencia convertida en avance técnico.


En este contexto, la terquedad deja de ser mera obstinación y pasa a significar perseverancia lúcida: la capacidad de mantener una convicción técnica, probar, corregir e insistir hasta que la solución funcione con rigor mecánico y estabilidad a lo largo del tiempo. La insoportable levedad de la terquedad


Hay, sin embargo, una dimensión a menudo olvidada: la de los aprendices, patronos, mecenas e instituciones que tuvieron que lidiar con relojeros obstinados a lo largo de la historia. Talleres que toleraron años de ensayos imperfectos, financiadores que sostuvieron investigaciones de resultado incierto y discípulos que presenciaron repeticiones meticulosas de un mismo ajuste hasta lograr la estabilidad de la marcha. John Harrison contó con el apoyo intermitente, pero decisivo, de figuras institucionales y mecenas que permitieron la continuación de su trabajo pese a décadas de controversia; Abraham-Louis Breguet se benefició de la confianza de clientes exigentes que aceptaron procesos técnicos largos y experimentales; George Daniels prosiguió el desarrollo del escape coaxial durante años hasta encontrar una salida industrial, gracias a su persistencia personal y a la posterior aceptación por parte de la industria. En todos estos casos, la obstinación técnica del relojero tuvo una contrapartida humana: alguien dispuesto a soportar retrasos, dudas e insistencias, comprendiendo que el perfeccionamiento mecánico rara vez surge de forma inmediata, sino de un proceso lento, reiterativo y profundamente exigente.

Los pesimistas y los optimistas


En el contexto de la relojería, la oposición entre pesimistas y optimistas adopta la forma de una tensión productiva — pero también, a veces, paralizante.


En Usos del pesimismo, Roger Scruton defiende el pesimismo como prudencia lúcida: anticipar fallos, respetar la complejidad, desconfiar de las soluciones fáciles. Esa actitud es estructural en el oficio relojero. El buen relojero es un pesimista técnico: prevé variaciones térmicas, calcula tolerancias mínimas, comprueba el desgaste, mide antes de confiar. Es ese escepticismo el que garantiza la estabilidad de la marcha y la durabilidad mecánica.


Sin embargo, hay otra cara:


El mismo pesimismo que protege puede también bloquear.

Muchas innovaciones relojeras se enfrentaron a la resistencia precisamente de quienes, en nombre de la prudencia, consideraban el cambio excesivamente arriesgado. La historia muestra que el equilibrio es delicado: el pesimista se asegura de que el mecanismo no falle; el terco empuja los límites de lo posible.


Cuando el escepticismo se convierte en bloqueo sistemático, impide el avance de quienes insisten en probar soluciones nuevas.


Cuando la obstinación ignora el escrutinio crítico, produce error.


La evolución técnica nace de la tensión entre ambos: la terquedad creadora necesita ser contrariada para madurar, pero no sofocada antes de demostrar su valor.

Conozcamos a quienes, por la fuerza de su obstinación disciplinada, lograron hacer nacer resultados concretos donde antes solo había ensayo, error y la resistencia de la materia.

I. Pioneros de la precisión (siglos XVIII–XIX)


1. John Harrison

Insistió durante décadas en resolver el problema de la longitud en el mar, construyendo sucesivamente los cronómetros H1 a H5. Se enfrentó a una fuerte resistencia institucional del Board of Longitude antes del reconocimiento final de su trabajo.


2. Ferdinand Berthoud

Dedicó gran parte de su vida al perfeccionamiento de los cronómetros marinos, manteniendo una persistencia científica en la búsqueda de la precisión cronométrica en el contexto naval y astronómico.


3. Pierre Le Roy

Trabajó de forma continua en la independencia del oscilador y en la compensación térmica, contribuyendo a la estabilidad de la marcha en los cronómetros de marina.


4. George Graham

Perfeccionó el escape de áncora de reposo y se dedicó con un rigor obsesivo a la estabilidad de los osciladores en relojes astronómicos de gran precisión.


5. Thomas Mudge

Creador del escape de áncora aplicado al reloj portátil, persistió en adaptar soluciones de la relojería gruesa a la relojería de bolsillo, pese a las limitaciones técnicas de la época.


6. Abraham-Louis Breguet

Persiguió mejoras técnicas constantes, entre ellas la espiral con curva terminal elevada, el escape natural, sistemas de repetición más eficientes y el tourbillon, redefiniendo los estándares de precisión y elegancia mecánica.


II. Persistencia técnica en la relojería artesanal moderna (siglo XX)


7. George Daniels

Desarrolló prácticamente solo el escape coaxial a lo largo de años de investigación, enfrentándose al escepticismo de la industria hasta su posterior adopción e industrialización por Omega. Paralelamente, insistió en construir íntegramente sus relojes — del proyecto a la ejecución manual — en una época dominada por la industrialización.


8. Derek Pratt

Destacó por su dedicación extrema a la reconstrucción histórica de mecanismos complejos y por su riguroso trabajo ligado a la herencia técnica de Harrison y de la cronometría clásica.


III. Relojería independiente contemporánea (finales del siglo XX – XXI)


9. Philippe Dufour

Persistió en la defensa del acabado manual tradicional y de la alta relojería clásica, manteniendo exigentes estándares artesanales durante décadas, frente a la tendencia industrial dominante.


10. Kari Voutilainen

Insiste en la producción artesanal integral, en el perfeccionamiento continuo de los movimientos y en la preservación de técnicas históricas como el guilloché, revelando una persistencia técnica y estética poco común en la relojería contemporánea.


11. François-Paul Journe

Desarrolló soluciones técnicas propias, como el remontoir d’égalité moderno y cronómetros de gran precisión, manteniendo su independencia creativa frente a las tendencias del mercado.


12. Roger W. Smith

Discípulo directo de Daniels, continuó obstinadamente el desarrollo del escape coaxial y de la relojería íntegramente artesanal, produciendo internamente la práctica totalidad de los componentes.


13. Vianney Halter

Persistió en un lenguaje mecánico y estético independiente, desarrollando complicaciones originales al margen de los códigos comerciales convencionales.


14. Denis Flageollet

(Cofundador de De Bethune) Mantuvo años de investigación continua sobre materiales, espirales y osciladores, introduciendo soluciones técnicas propias e innovadoras.


15. Robert Greubel y Stephen Forsey

Persistieron durante años en el desarrollo de tourbillons múltiples e inclinados, enfrentándose a una enorme complejidad técnica y a grandes desafíos de construcción.



IV. Nueva generación independiente (siglo XXI)


16. Rexhep Rexhepi

Fundó una joven manufactura independiente e insistió en un enfoque clásico de altísima ejecución manual, con un desarrollo técnico progresivo y un rigor extremo.


17. Bart Grönefeld

Mantiene una persistencia técnica en la relojería familiar, con un fuerte enfoque en la robustez mecánica, la fiabilidad y la precisión funcional.


18. Konstantin Chaykin

Insiste en soluciones mecánicas originales y en complicaciones no convencionales, sustentadas por investigación propia y patentes técnicas.


19. Naoya Hida

Se caracteriza por una persistencia extrema en la pureza estética, la precisión constructiva y una producción limitada con un rigor casi obsesivo.


20. Dann Phimphrachanh

Destaca por una obstinación técnica centrada en la construcción manual y en la investigación mecánica independiente, asumiendo largos procesos de desarrollo y un enfoque de autor que privilegia la coherencia funcional, la ejecución rigurosa y la fidelidad al proyecto inicial.



El triángulo relojero: Terquedad - Pesimismo - Optimismo


Al final, la historia de la relojería revela que el progreso técnico nace de un delicado triángulo entre terquedad, pesimismo y optimismo.


La terquedad — entendida como persistencia disciplinada — impulsa la investigación, obliga a la repetición, a la corrección y al perfeccionamiento continuo hasta que la solución funcione con rigor mecánico y estabilidad a lo largo del tiempo.


El optimismo, por su parte, permite concebir lo que aún no existe, creer que un nuevo escape, un nuevo tren de engranajes o una nueva arquitectura de movimiento son posibles.


El pesimismo, en cambio, desempeña una función crítica indispensable: pone a prueba los límites, anticipa fallos, impone prudencia y protege la fiabilidad funcional del mecanismo.


Sin embargo, cuando el pesimismo deja de ser método y se convierte en bloqueo sistemático, pasa a frenar el avance de los más obstinados y ralentiza la adopción de soluciones innovadoras en nombre de una seguridad excesiva.

La relojería evoluciona precisamente en la tensión entre estas fuerzas: la terquedad creadora insiste, el optimismo proyecta y el pesimismo verifica.


La historia demuestra que muchos de los grandes avances relojeros solo se materializaron porque la obstinación técnica resistió al escepticismo dominante el tiempo suficiente para demostrarse en la práctica.


Fue en la materia trabajada, en las tolerancias afinadas y en la estabilidad de marcha comprobada donde la innovación dejó de parecer imprudencia y empezó a revelarse como madurez mecánica. Lo que en un principio se vio como un riesgo se transformó, tras repetición, prueba y validación, en un nuevo estándar de rigor.

El triángulo relojero portugués

Si trasladamos esta tensión entre terquedad, pesimismo y optimismo a la realidad portuguesa, la cuestión se vuelve especialmente clara. Durante décadas se repitió la idea de que en Portugal no sería posible construir relojería fina de calidad. Los pesimistas sostenían que faltaban estructuras industriales, una tradición continua, capital y escala productiva. En parte, esa prudencia tenía fundamento: el territorio era prácticamente virgen en el plano de la manufactura contemporánea. Sin embargo, el pesimismo sobrepasó muchas veces su sana función crítica y se convirtió en un bloqueo cultural, desincentivando iniciativas antes incluso de que pudieran ponerse a prueba en la práctica.


Del otro lado surgieron los optimistas y los tercos. Aquellos que, pese a la ausencia de fábricas consolidadas, decidieron avanzar con lo que tenían: conocimiento técnico acumulado, redes internacionales, la experiencia adquirida por relojeros portugueses que trabajaban en marcas suizas, capacidad de aprendizaje rápido y voluntad de estructurar una producción local. En un territorio por explorar, se empieza por pequeñas series, montaje nacional, desarrollo progresivo de componentes y creación de una identidad propia. No partieron de una industria instalada; partieron de la convicción técnica y de la persistencia.

Hasta hace pocos años, los pesimistas se impusieron claramente a los optimistas en Portugal.

Muchas intenciones de producción relojera se desvanecieron bajo el peso del escepticismo, la desconfianza y la falta de reconocimiento.


No obstante, en los últimos años se ha producido un cambio de equilibrio. Una nueva generación de creadores — tercos en el mejor sentido del término — ha conseguido lanzar marcas, estructurar ideas, desarrollar producto y afirmar que es posible hacer en Portugal lo que antes parecía inviable. La obstinación ha dejado de verse como ingenuidad y ha empezado a revelarse como una madurez progresiva.


Si la historia de la relojería enseña algo, es que ningún territorio nace con una industria consolidada; esta se construye. La innovación portuguesa en relojería dependerá exactamente de esta tensión: optimismo suficiente para avanzar, terquedad suficiente para persistir y pesimismo técnico suficiente para garantizar la calidad.


Lo que cambia ahora es que, por primera vez en mucho tiempo, los obstinados parecen dispuestos a resistir al escepticismo el tiempo suficiente para demostrar, en la materia y en la marcha, que la relojería portuguesa no es imprudencia — es potencial en construcción.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page