Los relojes del videoarbitraje: la tecnología arbitral llevada a la muñeca

Durante décadas, el reloj del árbitro sirvió esencialmente para controlar los 45 minutos de cada parte, las interrupciones y la prórroga. Con la introducción de la tecnología de línea de gol y del videoarbitraje, la muñeca del árbitro se convirtió en uno de los puntos de contacto entre el juego y una extensa infraestructura electrónica instalada en el estadio.
Aunque es frecuente hablar del «reloj del VAR», esta expresión puede dar una idea equivocada. El árbitro no ve repeticiones ni toma decisiones de videoarbitraje a través del reloj. El dispositivo sirve sobre todo para medir el tiempo y recibir alertas asociadas a otros sistemas de apoyo al arbitraje.
¿Qué compone realmente el sistema VAR?
El sistema de videoarbitraje está formado por cámaras, servidores de vídeo, operadores de repetición, sistemas de comunicación y un equipo de árbitros instalado en una sala de operaciones de vídeo.
En el Mundial de 2022, el equipo de videoarbitraje tuvo acceso a 42 cámaras de retransmisión, entre ellas ocho de cámara lenta y cuatro de cámara superlenta. Las imágenes a velocidad reducida se utilizaban sobre todo para situaciones objetivas, como determinar el punto de contacto en una falta, mientras que las imágenes a velocidad normal ayudaban a valorar situaciones más subjetivas.
La comunicación entre la sala de vídeo y el árbitro se realiza a través del sistema de audio que utiliza el equipo arbitral. Cuando el VAR identifica un posible error claro, se lo comunica verbalmente al árbitro principal, que puede aceptar una información objetiva o dirigirse al monitor situado junto al campo para revisar las imágenes.
El reloj forma parte de este ecosistema, pero no sustituye ni al auricular ni al monitor.
El reloj del árbitro
En los grandes torneos internacionales, los árbitros usan relojes electrónicos preparados específicamente para la gestión de un partido de fútbol.
Estos dispositivos permiten controlar:
el tiempo reglamentario;
el descanso;
el tiempo añadido;
la prórroga;
la tanda de penaltis.
En los torneos en los que Hublot fue cronometrador oficial de la FIFA, los árbitros recibieron versiones propias del Big Bang e, distintas de los modelos comerciales vendidos al público. La marca afirmó que el reloj especial suministrado a los árbitros en la Eurocopa de 2020 ayudaba a gestionar el tiempo de juego y la prórroga y estaba conectado a la tecnología de línea de gol y al sistema de control VAR.
Conviene interpretar correctamente esta conexión. El reloj funciona como un terminal dentro de un conjunto técnico integrado. No es en él donde el árbitro analiza las imágenes ni donde conversa en detalle con el videoárbitro.
La tecnología de línea de gol en la muñeca

La función electrónica mejor documentada de los relojes de los árbitros es la recepción de la señal de la tecnología de línea de gol, conocida por la sigla inglesa GLT — Goal-Line Technology.
El sistema utilizado por la FIFA recurre a 14 cámaras de alta velocidad montadas en la cubierta del estadio. Las cámaras siguen el balón y determinan si este ha cruzado completamente la línea de gol. Cuando eso ocurre, la información se transmite en menos de un segundo exclusivamente a los relojes de los árbitros.
El reloj emite normalmente:
una vibración;
un aviso visual;
la indicación de gol.
Esta comunicación es directa e inmediata. No es necesaria una revisión en el monitor porque la tecnología de línea de gol solo pretende responder a una cuestión objetiva: ¿entró el balón completamente o no?
Si el sistema deja de funcionar, se informa a los árbitros y a los equipos. En esa situación, los posibles goles pueden ser analizados por el equipo de videoarbitraje mediante las cámaras disponibles.
Es, por tanto, la tecnología de línea de gol —y no el VAR propiamente dicho— la que presenta la conexión más directa y visible con el reloj del árbitro.
Hublot Big Bang Referee 2018

La vinculación de Hublot con los relojes electrónicos de los árbitros adquirió especial notoriedad en el Mundial de 2018, en Rusia.
La marca desarrolló una versión especial de su reloj conectado para uso del equipo arbitral. El dispositivo combinaba las funciones habituales de cronometraje con herramientas adaptadas a la estructura de un partido de fútbol.
Para el público se lanzó una versión comercial con información sobre los encuentros, los equipos y los incidentes de los partidos. Sin embargo, esa versión destinada a los aficionados no debe confundirse con el aparato entregado a los árbitros.
El modelo profesional estaba integrado en el equipamiento técnico de la competición y no era simplemente un reloj inteligente convencional con una aplicación de fútbol.
Hublot Big Bang e en el Mundial de 2022
En el Mundial de Catar, los 129 miembros del equipo arbitral utilizaron el Hublot Big Bang e FIFA World Cup Qatar 2022. Hublot lo presentó como una herramienta de apoyo a los árbitros y destacó su pantalla de alta definición y la función de cronología del partido.

El modelo comercial usaba el sistema operativo Wear OS y contaba con procesador Qualcomm Snapdragon Wear 4100, GPS, micrófono, altavoz, acelerómetro y giroscopio. La aplicación registraba el inicio de cada parte, los goles, las tarjetas, la prórroga y los penaltis.
A pesar de las semejanzas exteriores, es necesario distinguir de nuevo el reloj comercial del dispositivo configurado para los árbitros. Las notificaciones destinadas a los aficionados procedían de los servicios de datos de la competición; las alertas oficiales del arbitraje procedían de los sistemas certificados instalados en el estadio.
El fuera de juego semiautomático
En el Mundial de 2022, el sistema de fuera de juego semiautomático añadió una nueva capa tecnológica al trabajo del VAR.
Doce cámaras especiales instaladas bajo la cubierta del estadio seguían el balón y hasta 29 puntos del cuerpo de cada jugador, 50 veces por segundo. La información ayudaba a determinar con precisión la posición de los jugadores en el momento del pase.
A diferencia de la tecnología de línea de gol, esta información no se enviaba inicialmente al reloj del árbitro como una decisión definitiva. Los datos llegaban al equipo de videoarbitraje, que validaba la situación antes de comunicar la decisión al campo.
Así, el reloj seguía siendo un dispositivo auxiliar. El análisis permanecía en los ordenadores y monitores de la sala de vídeo.
El monitor junto al campo
Cuando una decisión depende de la interpretación del árbitro —por ejemplo, la intensidad de una entrada, una posible mano o una falta previa a un gol—, el VAR puede recomendar una revisión en el terreno de juego.

El árbitro se desplaza entonces a la denominada Referee Review Area, donde encuentra un monitor protegido y conectado al sistema de vídeo. Un operador selecciona los ángulos y las velocidades de reproducción que solicita el equipo arbitral.
Es en este monitor, y no en el reloj, donde tiene lugar la revisión visual de la jugada.
El reloj sigue controlando el tiempo y recibiendo las señales para las que se ha configurado, mientras que la comunicación con el VAR se realiza a través del sistema de radio y de los auriculares.
Un conjunto de tecnologías distintas
El arbitraje moderno reúne sistemas que a menudo se confunden:
Reloj del árbitro
Controla el tiempo y puede recibir determinadas alertas electrónicas.
Tecnología de línea de gol
Determina si el balón ha cruzado completamente la línea y envía una indicación visual y vibratoria al reloj.
Sistema de comunicación
Conecta al árbitro, a los asistentes, al cuarto árbitro y al equipo de videoarbitraje.
VAR
Permite revisar imágenes de situaciones relacionadas con goles, penaltis, tarjetas rojas directas y errores de identidad.
Monitor de revisión
Muestra al árbitro las imágenes seleccionadas durante una revisión en el terreno de juego.
Fuera de juego semiautomático
Combina cámaras de seguimiento, datos de posición y sistemas informáticos para apoyar las decisiones de fuera de juego.
El reloj forma parte de este conjunto, pero no reúne por sí solo todas estas funciones.
Del cronómetro al terminal electrónico
La evolución de los relojes de árbitro acompaña la transformación del propio fútbol.
El reloj mecánico y el cronómetro independiente dieron paso a instrumentos digitales con modos específicos para cada fase del partido.
Aun así, el reloj mantiene su función original —medir el tiempo— y asume una nueva: entregar de forma inmediata y discreta información esencial directamente en la muñeca.
De la relojería mecánica al reloj conectado: la evolución de los relojes de los árbitros
1930–1960: el cronómetro mecánico

En los primeros Mundiales, el árbitro recurría normalmente a un reloj de pulsera mecánico y, en muchos casos, a un cronómetro de bolsillo. La FIFA no imponía ninguna normalización en cuanto al equipo utilizado.
La precisión dependía exclusivamente de la calidad del movimiento mecánico y de la regularidad de la cuerda. Una desviación de solo unos segundos al día era perfectamente aceptable para su uso en el campo.
1960–1980: aparecen los primeros relojes especializados
La popularización de los cronógrafos y la aparición de los primeros relojes electrónicos permitieron desarrollar instrumentos orientados específicamente al arbitraje.
Uno de los ejemplos más interesantes es el Omega Seamaster Soccer Timer, aunque nunca fue un reloj oficial de la FIFA.

Lanzado en 1969, el Omega Seamaster Soccer Timer (ref. 145.020) es uno de los pocos relojes concebidos específicamente para árbitros de fútbol. El Soccer Timer añade una escala gráfica específica que ayuda a leer los 45 minutos reglamentarios.
En su interior utiliza el célebre calibre Omega 861, el mismo movimiento de cuerda manual que equipaba al Speedmaster Professional de la época, lo que lo convierte en una de las piezas más singulares de la relojería deportiva.
Pocos años después, Seiko presentó varios modelos Soccer Timer, ya equipados con tecnología de cuarzo, que se beneficiaban de la enorme ventaja de precisión introducida tras la revolución iniciada por el Astron en 1969.

El Seiko Soccer Timer surgió a finales de la década de 1970, en el periodo en que Seiko fue cronometrador oficial de los Mundiales de 1978, 1982, 1986 y 1990. Entre los modelos más emblemáticos destaca el Seiko Speed-Timer 7017-6000, cuya esfera tiene una escala específica para Basket Ball y Soccer, concebida para facilitar la lectura de los tiempos reglamentarios de estos deportes.

A diferencia del Omega Seamaster Soccer Timer, que utilizaba un cronógrafo mecánico dedicado, el planteamiento de Seiko privilegiaba la legibilidad y la precisión, reflejo de la firme apuesta de la marca japonesa por el cronometraje deportivo, que la convertiría en una referencia mundial en las décadas siguientes.
La revolución/crisis del cuarzo
El paso a los movimientos de cuarzo alteró profundamente la función del reloj del árbitro.
Mientras que un buen movimiento mecánico podía presentar desviaciones del orden de ±10 segundos al día (o más, según la regulación y las condiciones de uso), un módulo de cuarzo reducía ese error a solo unos segundos al mes.
Más importante aún, pasó a ser posible incorporar:
cuentas atrás programables;
alarmas acústicas;
múltiples cronómetros;
memoria de tiempos;
temporizadores independientes para cada parte.
Estas funciones habrían sido prácticamente imposibles de implementar en un movimiento puramente mecánico manteniendo unas dimensiones compatibles con un reloj de pulsera.
Los primeros ordenadores de pulsera
Durante las décadas de 1980 y 1990, marcas como Casio, Seiko y Timex exploraron el potencial de los relojes digitales multifunción.
Los árbitros empezaron a utilizar dispositivos con:
dos cronómetros independientes;
temporizadores repetitivos;
alarmas múltiples;
iluminación electroluminiscente;
mayor resistencia a los golpes y al agua.
A pesar de estas mejoras, el reloj seguía siendo completamente autónomo. No se comunicaba con ningún sistema exterior.
Un nuevo capítulo de la historia de la relojería
Si los cronómetros de observatorio representaron la cima de la medición mecánica de precisión y los cronógrafos deportivos marcaron la expansión de la relojería hacia el automovilismo y la aeronáutica, los relojes actuales de los árbitros inauguran una nueva categoría.
Ya no son solo instrumentos capaces de medir el tiempo.
Son interfaces hombre-máquina integradas en sistemas distribuidos de adquisición de datos, comunicación en tiempo real y validación electrónica de decisiones.
Paradójicamente, siguen cumpliendo exactamente la misma misión que los relojes utilizados por los árbitros en 1930: garantizar que un partido de fútbol dure el tiempo reglamentario. La diferencia está en todo lo que sucede de forma invisible a su alrededor.





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