Derek Pratt: el maestro relojero olvidado
Los relojeros independientes no son una creación de la actualidad. Siempre ha habido relojeros que trabajaron de forma independiente para sus clientes o para las marcas que los contrataban. Derek Pratt fue un relojero independiente, quizá uno de los mejores. No es fácil encontrar sus relojes; incluso en las subastas son raros. Presentamos aquí al relojero y su obra, para que su memoria se mantenga viva durante muchos años.

Este relojero inglés es probablemente más conocido por su increíble trabajo con Urban Jürgensen, junto a su amigo Peter Baumberger, o quizá por su réplica inacabada del cronómetro H4 de John Harrison. Sin embargo, hay mucho por descubrir acerca de su trabajo. Ha pasado más de una década desde su fallecimiento y desde entonces se ha producido una verdadera explosión en la relojería independiente.
Derek Pratt tenía una dedicación absoluta a la mecánica, mucho más allá de la relojería. Desde los Mazda con motor Wankel hasta las bicicletas clásicas, el amor de Pratt por la mecánica no conocía límites.
UN INICIO PRECOZ
Quizá Pratt estuvo siempre destinado a crear mecanismos increíbles a una escala minúscula. Nacido en Petts Wood, en las afueras de Orpington, en el sureste de Londres, estaba cerca de Greenwich y de todas las obras maestras relojeras que allí podían verse. Los primeros recuerdos de la vida de Pratt nos llegan a través de su amigo de la infancia, Derek Goldsmith. Crecieron juntos y compartieron la pasión por todo lo mecánico. Goldsmith ganó millones gracias a la invención de una válvula mezcladora, que se convertiría en la base de la empresa de duchas Aqualisa. Pratt y Goldsmith fueron juntos a los scouts, y ambos consiguieron que sus padres instalaran tornos en sus garajes, lo que les permitió trabajar juntos en proyectos durante la adolescencia.
Pratt en sus años de juventud: apoyado en un Mazda con motor Wankel (izquierda) y en una bicicleta Dursley Pedersen (derecha).
Ambos asistieron a la Escuela Técnica de Beckenham, con Goldsmith un curso por delante de Pratt. Tras graduarse en 1953, Pratt se formó en Smiths Industries y, más tarde, en 1956, comenzó un curso en el National College of Horology. Estaba concebido como un curso de tres años en el que los alumnos fabricaban un reloj de bolsillo completo en el último año. Sin embargo, este programa se interrumpió a mitad del curso de Pratt, lo que hizo que lo terminara antes de tiempo, a pesar de haber sido hasta entonces un estudiante premiado. «Pratt lo vio como una traición», dice Timothy Treffry, amigo de Pratt desde hacía muchos años y antiguo editor del Horological Journal. Desde muy pronto, Pratt tuvo una visión clara de lo que quería hacer, y sus intereses ya eran bien visibles. Según el libro escrito por Goldsmith y publicado por el British Horological Institute (BHI), Derek Pratt - Watchmaker, ambos fundaron juntos en 1960 una empresa llamada Pratt and Goldsmith. Producían piezas pequeñas y precisas para otras empresas, lo que significa que acabaron haciendo lo que más les gustaba mientras ganaban algo de dinero al mismo tiempo.
El año en que Pratt tuvo que abandonar su curso de relojería fue el último del National College of Horology, que cerró poco después. Este contratiempo permitió a Pratt empezar a trabajar para Andrew Fell, el antiguo director de la escuela. Trabajaron con relojes de sobremesa, entre otros proyectos de microingeniería y microsoldadura, que vivían un impulso gracias al crecimiento del campo de la microelectrónica. Este trabajo llevó a Pratt a emigrar a Suiza, donde se estableció con su primera esposa, Franziska.
EL INICIO DE UN VIAJE RELOJERO
Junto con los proyectos que Pratt desarrollaba con Fell, empezó a hacer trabajos de restauración por cuenta propia, un camino recorrido por muchos de los independientes de mayor éxito en la actualidad. Pratt restauró cronómetros y relojes antiguos, e inició así una línea de trabajo que continuó a lo largo de su carrera: una fascinación por la relojería tradicional y la restauración. Mientras algunos relojeros de su época empezaban a buscar nuevas técnicas, materiales y diseños, Pratt dedicaba su vida a dominar las viejas maneras de hacer las cosas. Verdadero historiador del oficio, miraba a las obras de Breguet, Harrison y Tompion en busca de inspiración, con la esperanza de continuar la tradición que aquellos primeros relojeros habían establecido unos 200-300 años antes.

Detalles de la esfera del Urban Jürgensen Oval Tourbillon Pocket Watch, que ponen de relieve la dedicación de Pratt a los métodos tradicionales.
Estas influencias son claras, no solo en su trabajo, sino también en su taller. Pratt empezó a formar su colección de herramientas y máquinas a principios de la década de 1970, un momento tumultuoso para la industria relojera.
Durante la crisis/revolución del cuarzo se perdieron miles de puestos de trabajo, pero eso también significó que las máquinas utilizadas para fabricar relojes mecánicos tradicionales pasaron a estar disponibles.
Muchas empresas pensaron que nunca más necesitarían esas herramientas y las vendían como chatarra. Pratt supo aprovechar ese periodo y compró todo el equipo que necesitaba por una pequeña fracción de lo que debería haber costado. «Logró configurar cada torno para hacer un trabajo específico», según Treffry, «lo que suponía ahorrar mucho tiempo, pues de este modo era posible realizar trabajos diferentes sin tener que reajustar la máquina». Otra de esas técnicas tradicionales que Pratt fue capaz de dominar, y por la que atrajo especialmente una gran atención, fue el guilloché. Pratt consiguió ejecutar esta técnica con una precisión increíble. Según Treffry, «desconectaba el teléfono e ignoraba la puerta si alguien intentaba llamarle mientras lo hacía». Hay incluso una historia de alguien que fue a visitar a Pratt mientras este trabajaba en una esfera y que, tras varios intentos fallidos de llamar su atención golpeando la puerta, optó por lanzar bolas de nieve a su ventana. Lo cual mostraba el nivel de concentración que alcanzaba al trabajar con sus máquinas.

Derek Pratt realizando un guilloché en una esfera
En el libro que escribió sobre su vida y su obra, el Dr. Helmut Crott observó que las máquinas que Pratt utilizaba entonces no eran las más modernas. Crott encontró fotografías de Pratt trabajando en una esfera. «Enseñé esas fotos a mi fabricante de esferas, que tiene 82 años y ha pasado 65 en el negocio de la fabricación de esferas», escribió. «Se quedó muy sorprendido por las herramientas que usaba Derek. Parecían arcaicas, pero añadió que alguien capaz de usar esas herramientas debía de tener mucho talento». Pratt estaba claramente decidido a hacer relojes de una manera tradicional y no se dejaría influir por la modernidad. Crott observó también que no había ni una máquina CNC a la vista en su taller. Pratt bromeaba a menudo diciendo que no usaba CAD (Computer-Aided Design); prefería con mucho el CARD: cartón. Hacía maquetas a escala de ciertos componentes en cartón, sirviéndose de gomas elásticas para moverlos, y confirmaba así su funcionamiento antes de construirlos en metal. Dominar esas técnicas antiguas y mantener esas máquinas envejecidas significaba que Pratt era capaz de trabajar con sensibilidad en piezas vintage. Su trabajo de restauración acabó siendo casi una constante a lo largo de su vida. Fue también el vehículo que lo unió a Peter Baumberger. Baumberger era uno de los principales anticuarios y más tarde se convertiría en propietario de la marca danesa Urban Jürgensen und Sønner, un nombre vinculado a algunos de los relojes más complejos de principios del siglo XIX. Debido a esa complejidad que a menudo se encuentra en las piezas de Urban Jürgensen, Baumberger tuvo problemas para reparar algunas de sus piezas, y fue esa búsqueda la que lo llevó a su primer encuentro con Pratt. Tras haberse labrado una reputación por trabajar con técnicas tradicionales y por su capacidad para enfrentarse a movimientos polifacéticos, el nombre de Pratt se difundía por los cuatro rincones del mundo.
DR. HELMUT CROTT
Pratt empezó a hacer cada vez más trabajos para Baumberger, y los dos acabaron siendo amigos íntimos. Cuando este último estaba a punto de asumir el control total de Urban Jürgensen und Sønner, en realidad solo había una persona a la que quería a su lado en la sección de investigación técnica.
Pero no fue solo en los relojes Urban Jürgensen en lo que Pratt trabajaría bajo el amparo de Baumberger en los primeros tiempos: también terminó la restauración de un Vacheron Constantin ofrecido al rey Fuad I en 1929.
LOS AÑOS DE URBAN JÜRGENSEN

El movimiento de un tourbillon hecho por Derek Pratt para Urban Jürgensen. El movimiento lleva las palabras «Invenit et Fecit», que significan «creado y hecho», un lema que se encuentra en los relojes Breguet y también en los de F.P. Journe.
Recientemente ha habido cierto revuelo en torno a Urban Jürgensen, ya que el relojero finlandés Kari Voutilainen ha asumido el cargo de nuevo CEO y ha puesto a su hija Venla al frente del servicio posventa. En su momento hubo un entusiasmo similar en torno a la adquisición de la marca por Baumberger. En ese periodo la marca vivió una era muy prolífica, en gran parte gracias a la capacidad de Pratt. Al hablar de la implicación de Pratt con Urban Jürgensen, a menudo se menciona la calidad de sus esferas. Su trabajo con el torno de relojero fue siempre extremadamente bien considerado en la industria, incluso después de su muerte. Al vaciar su taller se encontró un cajón lleno de esferas descartadas. Para alguien con menos ojo parecían perfectas, pero tras una inspección seria y de cerca era posible identificar errores mínimos con los que cualquiera menos perfeccionista que Pratt se habría quedado tranquilo. Aunque su trabajo en la fabricación de esferas fue extraordinario, fue solo una de sus aportaciones a la marca, de la que se convirtió en director técnico en 1982, cargo que ocupó hasta 2005.

Máquina que Pratt utilizó para crear sus extraordinarias esferas
Cuando se trata del trabajo de Pratt con Urban Jürgensen, muchos pensarán al instante en su reloj de bolsillo ovalado. Fue un proyecto que tardaría más de dos décadas en concluirse, con los toques finales a cargo de Kari Voutilainen. Aunque la forma distintiva de su caja puede ayudarle a destacar estéticamente, lo verdaderamente sobresaliente de este reloj se encuentra en su movimiento. Para este reloj, Pratt inventó una nueva manera de alojar un remontoir y un tren de rodaje en un tourbillon. ¿Cuál fue la innovación? Montar un remontoir adicional dentro de la jaula del tourbillon. También incorporaría a este mecanismo un escape de detente, uno de sus favoritos gracias a su cualidad única de, aparentemente, no necesitar lubricación. Hubo muchos desafíos únicos a los que Pratt se enfrentó en la construcción de este reloj, pero parece que los afrontó todos con la misma determinación que muchos le conocieron a lo largo de su carrera. Hizo a mano todas las piezas de este reloj, incluso los tornillos. Para este reloj en concreto se construyeron tres cajas: una de plata, una de platino y otra de oro rosa. Los ejemplares de platino y oro rosa fueron producidos entre 2005 y 2006 por Bruno Affolter, maestro cajista de Les Artisans Boîtiers, una empresa filial de Parmigiani. La caja de plata, en cambio, la hizo Pratt en su torno. Debido a su forma ovalada, fue necesario acoplar un accesorio especial a su torno para completar la tarea. Hizo un trabajo tan bueno que el maestro cajista Jean-Pierre Hagmann diría, tras tener la oportunidad de examinar la caja: «¡El dominio y la calidad de la fabricación son excelentes! ¡El creador merece el título de maestro cajista!».
Asimismo aceptaría el desafío de dar forma a los dos cristales que cubrirían el frente y el dorso del reloj, algo que no cualquier artesano podría hacer. Pratt buscó el consejo del que, supuestamente, era el único hombre capaz de moldear el zafiro de esa forma, quien se rio de Pratt cuando este le explicó las dimensiones del proyecto. En cuanto quedó claro que la colaboración no sería posible, Pratt decidió llevar a cabo la tarea él solo. Acabó siendo capaz de producir los dos, incluido el cristal del fondo, que tiene dos orificios para dar cuerda y poner en hora el reloj.
Pratt estaba increíblemente orgulloso de este reloj, hasta el punto de añadir un boceto de él a su tarjeta de visita. Sin embargo, como mencionamos más arriba, no consiguió terminar el proyecto. En 2004, cuando el cáncer de Pratt se encontraba en una fase inicial, Baumberger le preguntó si podía entregar el proyecto a Kari Voutilainen, que añadiría las últimas piezas al movimiento, además de aplicar los espectaculares acabados. Para una guía más detallada de este reloj, recomendamos leer el artículo del Dr. Helmut Crott publicado en SJX.
Urban Jürgensen Ref. 2 junto a la Ref. 3.
Por supuesto, esta no fue la única pieza que Pratt haría para Urban Jürgensen y Baumberger. Trabajó en los relojes de pulsera Ref. 2 y Ref. 3 y los desarrolló; en ellos, su módulo de calendario perpetuo se superpuso a un calibre de F. Piguet. La única diferencia entre ambos fue la adición de un indicador de reserva de marcha situado en la mitad inferior de la esfera de las fases lunares, en la Ref. 3.
Estos dos relojes definirían los códigos de diseño de Urban Jürgensen durante muchos años. Tras el fallecimiento de Pratt y de Baumberger, la estética de estos dos relojes marcó todo el estilo de la marca.
LA RELACIÓN CON GEORGE DANIELS
Mirando atrás, puede parecer obvio que Derek Pratt y George Daniels se harían amigos. Los dos mayores talentos de su generación nacieron en Inglaterra, con 12 años de diferencia. Según Treffry, «los dos mantenían largas conversaciones telefónicas todos los domingos, en las que discutían extensamente los diversos desafíos a los que ambos se habían enfrentado en su trabajo a lo largo de la semana. Aunque compartían muchas habilidades y conocimientos, también fueron capaces de complementarse muy bien. La habilidad de Pratt en el mecanizado, concretamente en el mecanizado por descarga eléctrica (EDM), fue de gran ayuda para Daniels, y se cree que Pratt construyó el pequeño pivot necesario para crear el escape coaxial.

George Daniels con Derek Pratt y Grahame Brooks, entonces director de ventas de Audemars Piguet en el Reino Unido, en 1986, ante un «Blower Bentley» de 1928.
El amor de Pratt por todo lo relojero no se limitaba a los relojes de bolsillo y de pulsera: sentía también una gran fascinación por los relojes góticos de hierro que todavía hoy funcionan en tantas torres de reloj de pueblos europeos. También produciría cuatro relojes de agua a lo largo de su carrera. Es un aspecto de la relojería en el que muchos no piensan hoy, y posiblemente no sea el lado más atractivo de la industria, pero a Pratt le intrigaba. Uno que hizo y que seguiría desarrollando durante varios años ocupaba dos plantas de su taller y se encuentra ahora en el Museo del BHI en Upton Hall, Nottinghamshire. Su tercer reloj de agua fue un encargo para un pueblo que celebraba su 950.º aniversario, y asumía el papel de obra de arte pública en parte y de medidor del tiempo funcional en parte. Aunque estos dos maestros relojeros británicos eran muy parecidos en muchos aspectos, quizá sean sus diferencias las que afectan a sus legados. Daniels era conocido por ser una fuerza de la naturaleza en la industria: nada iba a interponerse en su camino para convertir el coaxial en un éxito comercial, ni dejaría de presionar constantemente para promover la relojería inglesa y el Método Daniels. Pratt, en cambio, estaba muy contento de trabajar bajo el nombre de otras personas. «Era callado; educado de una manera muy discreta», dice Richard Stenning, copropietario de Charles Frodsham & Co. y recurrían a triángulos de Reuleaux, una forma curva de anchura constante que Pratt utilizaba en su sistema de remontoir. No fueron solo las máquinas lo que entusiasmó a Pratt: también encontró un gran placer en los barcos pop-pop, un pequeño juguete que puede hacerse en casa con piezas bastante rudimentarias. Pratt perfeccionó estos barcos hasta el límite e incluso escribió varios artículos sobre ellos para una revista especializada.

Pratt en la que se cree que es una BSA Sloper.
En una ligera digresión, el amor de Pratt por todo lo relojero no se limitaba a los relojes de bolsillo y de pulsera: sentía también una gran fascinación por los relojes góticos de hierro que todavía hoy funcionan en tantas torres de reloj de pueblos europeos. También produciría cuatro relojes de agua a lo largo de su carrera. Es un aspecto de la relojería en el que muchos no piensan hoy, y posiblemente no sea el lado más atractivo de la industria, pero a Pratt le intrigaba. Uno que hizo y que seguiría desarrollando durante varios años ocupaba dos plantas de su taller y se encuentra ahora en el Museo del BHI en Upton Hall, Nottinghamshire. Su tercer reloj de agua fue un encargo para un pueblo que celebraba su 950.º aniversario, y asumía el papel de obra de arte pública en parte y de medidor del tiempo funcional en parte. Aunque estos dos maestros relojeros británicos eran muy parecidos en muchos aspectos, quizá sean sus diferencias las que afectan a sus legados. Daniels era conocido por ser una fuerza de la naturaleza en la industria: nada iba a interponerse en su camino para convertir el coaxial en un éxito comercial, ni dejaría de presionar constantemente para promover la relojería inglesa y el Método Daniels. Pratt, en cambio, estaba muy contento de trabajar bajo el nombre de otras personas. «Era callado; educado de una manera muy discreta», dice Richard Stenning, copropietario de Charles Frodsham & Co.
EL DESARROLLO DEL ESCAPE
Mientras que Daniels es conocido en toda la comunidad relojera por su escape coaxial, Pratt también desarrolló una ingeniosa forma de escape que se inspira directamente en el trabajo de A.L. Breguet. Se trata, por supuesto, de su remontoire tourbillon, que mantenía un escape de detente. En 1981, Pratt se propuso resolver un problema que Breguet no había sido capaz de resolver: crear un tourbillon de fuerza constante. Como señala en su libro Andrew Crisford, especialista en relojería británica y en Breguet, este intentó la hazaña en algunos relojes en los que había grabado «Echappement à force-constanté», pero solo sobrevive uno de esos relojes, y su escape fue sustituido desde entonces.

Los principios mecánicos que hay detrás del escape de Derek Pratt
La solución de Pratt consistía en incorporar un remontoir dentro del tourbillon. Este remontoir es lo que impulsa el tourbillon y recibe la energía directamente del tren de rodaje. Eso significa que el pivot del escape que normalmente acciona el tourbillon, alrededor de una de las ruedas, se sustituye por el pivot unido al remontoir. Este remontoir de un segundo va unido a la rueda de escape a través de un muelle espiral que se arma y se libera cada segundo, proporcionando un impulso a la rueda de escape.

El sistema Reuleaux
El componente de esta construcción que más destaca es el triángulo de Reuleaux. Este triángulo equilátero curvo actúa como una leva y controla el movimiento de las paletas que interactúan con el remontoir. Atribuido al ingeniero mecánico alemán del siglo XIX Franz Reuleaux, el triángulo de Reuleaux forma parte de los polígonos de Reuleaux, que comparten la cualidad única de tener un diámetro constante. Eso permite que los dientes de la horquilla en la que se asienta permanezcan en contacto constante con la leva a medida que esta gira y desplaza las paletas en cada rotación. Es la misma forma utilizada por Mazda en sus motores Wankel, como se ha mencionado más arriba.
Este escape apareció por primera vez en una serie de relojes de bolsillo hechos para Urban Jürgensen. Pratt produciría una segunda serie de estos relojes de bolsillo en la década de 1990; la principal diferencia era que la leva triangular estaba hecha de rubí sintético en lugar de acero, lo que permitía una fricción mucho menor. En 1997, Pratt dirigiría su atención a un nuevo proyecto con otro escape innovador. Esta vez se inspiraba en Daniels y en su diseño de doble rueda, y construía un reloj que lo incorporase en un tourbillon que recurría también a un escape de detente. En un escape de doble rueda de Daniels, las dos ruedas giran en direcciones opuestas, lo cual es ligeramente contraintuitivo para un tourbillon. Según Treffry, Pratt, «mientras estaba en el cuarto de baño, se dio cuenta de que, si se añade una segunda rueda fija con los dientes orientados hacia dentro, esta hace que la rueda de escape gire en la dirección opuesta». Pratt hizo este reloj para un concurso que conmemoraba el 250.º aniversario del nacimiento de Breguet. Combinando dos de las invenciones de los antiguos maestros, consiguió quedar en segundo lugar, y el reloj acabaría aportando parte de la inspiración para el escape del Double Impulse Chronometer de Frodsham. Este reloj se exhibe ahora en el Museo de la Ciencia de Londres.
SU H4 INACABADO
Pratt asumió la tarea hercúlea de replicar el H4, el último cronómetro de marina producido por John Harrison, famoso por ganar el Longitude Challenge. Fue en cierto modo un proyecto de pasión para Pratt, que llevaba años fascinado por esta pieza, junto con el catálogo completo de trabajos de John Harrison.
Treffry nos dice que no habría que referirse al cronómetro de Pratt como una réplica: «él siempre decía que estaba “construyendo otro”». «Quería entrar en la mentalidad de Harrison para intentar resolver los problemas que este tuvo que resolver». También era importante no llamarlo réplica porque, en aquella época, el H4 era técnicamente propiedad del Almirantazgo y era un secreto de Estado. Eso significaba que nadie tenía permiso para acceder a él, salvo quienes trabajaban en el museo de Greenwich; y, por entonces, el único hombre de confianza para mantener el H4 en funcionamiento era Jonathan Betts, conservador emérito del Real Observatorio de Greenwich. Este sería el proyecto final de Pratt. Lo empezó en 1997, pero tendría que entregarlo al equipo de Frodsham para que lo terminara. «Fue una entrega difícil», dice Roger Stevenson, relojero de Frodsham hoy semirretirado, que, junto con Philip Whyte, viajó a Suiza y se quedó con Derek durante una semana para iniciar la transición del proyecto. «Había dedicado tanto tiempo y esfuerzo a este proyecto, y debió de darse cuenta poco a poco de que no sería capaz de terminarlo».
La visita de Stevenson y Whyte no fue el primer contacto que Frodsham tuvo con este proyecto. Según Stevenson, Whyte puso a Pratt en contacto con los diversos artesanos que le ayudaron con las partes especializadas del proyecto. Martin Matthews hizo la caja de plata; Charles Scarr completó el intrincado trabajo de grabado; y Jos Houbraken trabajó en la delicada esfera. Algo que impresionó fue que aquello era la definición misma de un esfuerzo de equipo. No obstante, Treffry señaló que todos esos artesanos externos tenían que estar igualmente a la altura de las elevadas expectativas de Pratt. «Creo que pasó por tres fabricantes de esferas antes de dar con Houbraken», comentó. Pratt era muy perfeccionista. En el libro del BHI dedicado a Pratt, Whyte detalla cómo no fue solo el fabricante de esferas el que conoció varias iteraciones: Pratt también pasó por varios cajistas y grabadores para garantizar que todos los detalles de su H4 quedaran perfectos.
La caja del H4 y el movimiento, concluido en 2014
Frodsham asumió oficialmente el control del proyecto en 2009, poco antes de que Pratt perdiera la vida a causa de un cáncer de próstata. Consiguieron concluir el proyecto a tiempo para una exposición itinerante llamada Barcos, relojes y estrellas en el Museo Marítimo Nacional de Greenwich en marzo de 2014. «Ingenuamente pensamos que solo tendríamos que reservar un día a la semana para trabajar en el H4», dice Stevenson. Ese día se transformó en casi todas las horas de vigilia a medida que se acercaba el plazo.
EL LEGADO DE PRATT
Puede afirmarse con seguridad que Derek Pratt fue uno de los relojeros más importantes y de mayor talento del siglo XX. Su trabajo abarca toda la amplitud de la relojería, y sus habilidades e intereses eran tan variados que fue claramente capaz de hacer frente a casi cualquier desafío mecánico. Sin embargo, para quienes lo conocían, eso siempre fue secundario frente a su amabilidad y su carácter. «Fueras quien fueras, Derek siempre tenía tiempo para sentarse y compartir algunos consejos», dice Stenning al recordar las muchas veces en que Pratt pasaba por el taller de Frodsham antes de ir al pub para una obligada «tarde y una cerveza».

Pratt fue galardonado con la Medalla de Oro Tompion de la Worshipful Company of Clockmakers por su excelencia en relojería en 2005
Aunque nunca aceptó a un aprendiz —según Treffry, eso se debió en parte a sus niveles de exigencia increíblemente altos y al hecho de que solo trabajaba con bocetos—, Pratt estaba claramente muy interesado en transmitir sus conocimientos siempre que podía. Invitaba con regularidad a los alumnos del WOSTEP a visitar el taller de su casa los sábados por la tarde, cuando, además de adquirir conocimientos de alta calidad, eran agasajados con una sustanciosa merienda preparada por la segunda esposa de Pratt, Jenny. Recibió varios premios por su capacidad en relojería, desde las medallas de Plata y de Oro, el segundo y el primer mayor honor que puede conceder el BHI, hasta el Premio Gaïa. También fue uno de los raros destinatarios de la medalla Tompion de la Worshipful Company of Clockmakers. Muchas de las mayores innovaciones de Pratt nunca llegaron al ámbito comercial como lo hizo el coaxial. En parte, eso se debió a que Pratt nunca siguió ese camino, pero también a que su alto nivel de complejidad las hizo difíciles de producir a escala y casi imposibles de reducir al tamaño de un reloj de pulsera. Todo ello hace que a menudo su legado tenga dificultades para encontrar eco entre muchos coleccionistas y entusiastas de hoy.
Pratt era una rara avis en la relojería: un relojero de enorme talento que aparentemente abordó todas las disciplinas de la profesión al más alto nivel. Como dice Stenning, «fue el relojero completo».
Este texto se ha basado en el artículo Derek Pratt: the forgotten watchmaker y en el libro Derek Pratt: Watchmaker del BHI.





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