Naufragios y relojes – 4 historias impresionantes

A lo largo de la historia marítima, numerosos naufragios han dejado huellas trágicas en la memoria colectiva. Entre los objetos rescatados de esos desastres, los relojes destacan como testigos silenciosos de momentos decisivos. Estos artefactos fueron instrumentos de precisión de gran valor, encierran historias personales, revelan datos técnicos y señalan el instante exacto en que el tiempo se detuvo.
El reloj de Herbert Ingram: un artefacto recuperado del naufragio del Lady Elgin (1860)

El Lady Elgin era un barco de pasajeros de vapor que navegaba por el lago Míchigan, en Estados Unidos. El 8 de septiembre de 1860 naufragó frente a la costa de Illinois tras colisionar con una goleta llamada Augusta. La tragedia causó la muerte de más de 300 personas y está considerada una de las mayores catástrofes marítimas de la historia de los Grandes Lagos.

Entre los pasajeros se encontraba Herbert Ingram, periodista británico y miembro del Parlamento. Ingram era el fundador de The Illustrated London News, el primer periódico ilustrado de gran tirada del Reino Unido. Murió en el desastre junto con su hijo de 16 años.

El naufragio
El Lady Elgin había zarpado de Milwaukee, en Wisconsin, con una delegación del Partido Demócrata y rumbo a Chicago. De madrugada, con escasa visibilidad, la goleta Augusta chocó contra el Lady Elgin. El barco se hundió rápidamente, lo que provocó la muerte de la mayoría de los pasajeros a bordo.
Herbert Ingram fue identificado entre los fallecidos. Su cuerpo fue recuperado y enterrado en Estados Unidos. La noticia de su muerte tuvo amplia difusión en la prensa británica de la época, debido a su notoriedad como figura pública.
La recuperación del reloj
En 1991, un equipo de buceadores localizó los restos del Lady Elgin en el fondo del lago Míchigan. Al año siguiente, en 1992, se recuperó un reloj de bolsillo de oro, identificado posteriormente como perteneciente a Herbert Ingram. La identificación se basó en una inscripción con su nombre.

El reloj fue conservado y estudiado como artefacto histórico. En mayo de 2025, 165 años después del naufragio, la pieza fue devuelta a la ciudad natal de Ingram, Boston, en el condado de Lincolnshire, Inglaterra. La ceremonia de entrega fue organizada por el Boston Guildhall Museum, que recibió oficialmente el reloj para su colección.
El reloj de Oscar Scott Woody – Un símbolo de servicio en el naufragio del Titanic (1912)
La noche del 14 de abril de 1912, el mayor transatlántico del mundo chocó con un iceberg en el Atlántico Norte y provocó el naufragio que marcaría para siempre la historia marítima moderna. A bordo del RMS Titanic viajaban unas 2200 personas, entre ellas cinco empleados de correos. Uno de ellos era Oscar Scott Woody, ciudadano estadounidense natural de Carolina del Norte. Su reloj de bolsillo, recuperado después de su cuerpo, se convertiría en un símbolo material del deber cumplido hasta el final.
La carrera de Oscar Scott Woody

Oscar Scott Woody nació en 1871 en la localidad de Roxboro, en el estado de Carolina del Norte. Empezó su carrera en correos como empleado postal ferroviario, una profesión exigente que implicaba trabajar sin descanso en vagones postales en movimiento. Tras más de una década de servicio, fue nombrado empleado postal marítimo y representó a los Estados Unidos de América en travesías transatlánticas.
En abril de 1912 fue destinado al viaje inaugural del Titanic, con embarque en Southampton y destino a Nueva York. A bordo, él y sus compañeros – John Starr March, William Logan Gwinn, John Richard Jago Smith y James Bertram Williamson – se encargaban de procesar la correspondencia internacional. El barco transportaba unas 3423 sacas de correo, parte de ellas certificadas y de gran valor.
La noche del naufragio
La noche del 14 de abril, Oscar Woody cumplía 44 años. Según relatos posteriores, él y los demás carteros lo habrían celebrado discretamente en las horas previas a la tragedia. Hacia las 23:40, el Titanic chocó con un iceberg, que abrió varios compartimentos estancos del casco.
Inmediatamente después del impacto, los empleados postales bajaron a la cubierta inferior para intentar salvar las sacas de correo certificado. Varios testigos contaron haber visto a los hombres subir con gran esfuerzo pesadas sacas hasta las cubiertas superiores, luchando contra el agua que ya inundaba los compartimentos. Ninguno de los cinco empleados sobrevivió.
El cuerpo de Oscar Scott Woody fue uno de los dos únicos identificados entre los carteros fallecidos. Fue recogido el 24 de abril de 1912 por el buque cablero CS Mackay-Bennett, fletado por la White Star Line para recuperar a las víctimas.
El reloj recuperado
Entre las pertenencias halladas en el cuerpo de Woody figuraba un reloj de bolsillo de la marca Ingersoll. La pieza presentaba daños causados por el agua, pero la esfera aún era parcialmente visible. El reloj se había parado poco después del impacto, debido a la entrada de agua salada en el mecanismo.

El reloj fue devuelto a la viuda de Woody, Leelia Woody, a principios de mayo de 1912, junto con otros objetos personales: una cadena de reloj rota, una navaja, carnés de miembro de la masonería y gemelos. La devolución de sus pertenencias fue acompañada de una carta formal de la compañía naviera.
Durante varias décadas, el reloj permaneció en poder de la familia. Más tarde fue cedido para exposiciones temporales en instituciones como el Smithsonian National Postal Museum y el Titanic Museum Attraction, en Estados Unidos.
En noviembre de 2022, el reloj fue subastado por la casa Henry Aldridge & Son, en el Reino Unido. La pieza se vendió por 98 000 libras esterlinas (unos 116 000 dólares), una cifra que reflejó no solo su estado de conservación, sino también su significado histórico.
Reconocimiento póstumo
La entrega de Oscar Scott Woody y de sus compañeros no pasó desapercibida. En 1913, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una pensión especial de dos mil dólares para cada familia de los empleados postales fallecidos en el Titanic.
Más de noventa años después, en 2004, el edificio de correos de Roxboro, localidad natal de Woody, recibió oficialmente el nombre de «Oscar Scott Woody Post Office Building» en su honor. Esta denominación fue aprobada por unanimidad en el Congreso.
La historia de su reloj pasó a formar parte de numerosas publicaciones y exposiciones sobre el Titanic, que destacan el papel heroico de los servicios públicos a bordo del barco.
Los relojes del acorazado Aquidabã – Huellas exactas de una tragedia naval (1906)

La noche del 21 de enero de 1906, una explosión devastadora destruyó el acorazado Aquidabã, uno de los buques más imponentes de la Marina de Brasil a comienzos del siglo XX. El barco estaba fondeado en la bahía de Jacuecanga, cerca de Angra dos Reis, cuando una deflagración en el pañol de municiones provocó su hundimiento repentino. Doscientos doce hombres perdieron la vida en el que se convertiría en uno de los episodios más traumáticos de la historia naval brasileña.
Entre los escasos objetos recuperados, tres relojes de bolsillo desempeñaron un papel único en la reconstrucción de los hechos. Sus esferas, paradas a la misma hora – las 22:45 – ofrecieron una indicación precisa del momento de la explosión. Uno de ellos perteneció al capitán de fragata Santos Porto y se conservaría después como testimonio de la tragedia.
El Aquidabã: un símbolo de la Marina brasileña

El Aquidabã se había construido en 1885 en el astillero Samuda Brothers de Londres, por encargo del Imperio de Brasil. Clasificado como "acorazado de reducto central", tenía un desplazamiento de 4915 toneladas (peso total del agua que desplaza un barco cuando flota) y estaba armado con piezas de gran calibre. A lo largo de su carrera operativa participó en episodios históricos como la Revuelta de la Armada (1893–1894), e incluso fue alcanzado y parcialmente hundido por las fuerzas gubernamentales. Tras ser reflotado y modernizado, volvió al servicio activo.
En enero de 1906 se encontraba fondeado en Angra dos Reis para operaciones de rutina, con los oficiales a bordo y la tripulación al completo. A bordo se encontraban el entonces ministro de Marina, almirante Júlio César de Noronha, y varias figuras de la alta jerarquía naval. La noche del desastre se produjo la deflagración en el pañol de municiones de proa, que destruyó gran parte del casco y causó la muerte inmediata de centenares de marineros.
El instante preservado: los relojes parados a las 22:15
Durante las labores de rescate, que se prolongaron varios días, se hallaron tres relojes de bolsillo entre las pertenencias de los oficiales. Uno pertenecía al capitán Santos Porto, otro al alférez de navío Enéas Cadaval y el tercero al almirante Calheiros. Los tres se habían parado exactamente a las 22:15, la hora de la explosión que hundió el barco.
Estos relojes pasaron a considerarse pruebas materiales del momento exacto de la tragedia.
El hecho de que tres mecanismos distintos, pertenecientes a oficiales diferentes, se hubieran parado a la misma hora reforzó la precisión cronológica del suceso.
El caso tuvo amplia cobertura en los periódicos de la época y fue citado en publicaciones posteriores sobre la historia de la Marina de Brasil.
El reloj de Santos Porto y la preservación de la memoria
El reloj de Santos Porto, en particular, se conservó y forma parte hoy de los fondos del Museo Naval de Río de Janeiro. La pieza, con la caja metálica ennegrecida por la oxidación, presenta la esfera visiblemente marcada y las agujas detenidas a las 22:15. Más que un instrumento técnico, este objeto pasó a representar un símbolo de la entrega al servicio, del sacrificio en tiempos de paz y de la fragilidad de la vida humana ante la imprevisibilidad tecnológica.
Aunque se recuperaron otros objetos personales – entre ellos cartas, prendas de uniforme y utensilios de navegación –, los relojes adquirieron un protagonismo especial por la forma en que cristalizaron el momento fatal. Se convirtieron, en cierto modo, en fragmentos de tiempo en suspenso.
Repercusiones e impacto histórico
La tragedia del Aquidabã impulsó reformas en el almacenamiento de municiones y en las prácticas de seguridad a bordo de los buques militares brasileños. El desastre también causó una profunda conmoción pública y dio lugar a investigaciones militares.
En la prensa y en los informes oficiales, la precisión de los relojes parados se mencionó como un elemento simbólico de gran impacto. Varios periódicos de la época, como O Paiz y Jornal do Brasil, describieron los relojes como «marcadores silenciosos del instante de la catástrofe».
Los relojes recuperados del Aquidabã no son solo objetos de estudio técnico. Son testimonios materiales de uno de los episodios más trágicos de la historia naval brasileña. Su conservación en un museo permite acercarse a la memoria de la tragedia con rigor y sensibilidad. Al mantener las agujas fijas en la hora exacta de la explosión, estos pequeños mecanismos recuerdan, con precisión y humanidad, el precio del servicio militar en tiempos de paz.
Los relojes de oro del Pulaski – Testigos de una tragedia olvidada (1838)

La noche del 14 de junio de 1838, el vapor estadounidense Pulaski navegaba tranquilamente frente a la costa de Carolina del Norte, rumbo a Baltimore. El barco, uno de los paquebotes más prestigiosos de la época, transportaba a pasajeros de clases privilegiadas, figuras públicas y comerciantes acaudalados del sur de Estados Unidos. Sin embargo, a las 23:00, una explosión catastrófica en la caldera de estribor abrió el casco de la embarcación y la hundió en menos de una hora. De los cerca de 187 pasajeros y tripulantes, murieron 128. El desastre caería en el olvido durante más de siglo y medio — hasta que, en 2018, reaparecieron cuatro relojes de bolsillo de oro en los restos hallados en el fondo del mar.
El vapor Pulaski y el desastre

El Pulaski había sido botado en 1837; se construyó en Nueva York para garantizar enlaces rápidos entre Charleston, Savannah y Baltimore. La propulsión a vapor era entonces un símbolo de modernidad y seguridad, y el Pulaski destacaba por su velocidad, sus elegantes camarotes y su reputado servicio.
Sin embargo, los sistemas de seguridad de las calderas aún presentaban puntos débiles. El 14 de junio de 1838, durante una travesía nocturna, un fallo en la caldera de estribor provocó una violenta explosión. La fuerza del impacto destruyó la sección central del barco y separó la proa de la popa. Muchos pasajeros murieron en el acto; otros fueron lanzados al mar o quedaron atrapados entre los restos.
El barco se hundió en unos 45 minutos. Solo sobrevivieron 59 personas, entre ellas mujeres y niños que lograron subirse a restos flotantes. Entre los fallecidos se encontraban el excongresista William B. Rochester y varias familias destacadas.
El redescubrimiento de los restos
Durante más de 180 años, el lugar exacto del naufragio fue un misterio. En 2018, tras años de investigación documental y cartográfica, un equipo de Blue Water Ventures International, en colaboración con Endurance Exploration Group, localizó los restos del Pulaski a unas 40 millas náuticas de la costa de Carolina del Norte, a 33 metros de profundidad.
Los buceadores recuperaron cientos de objetos, entre monedas, piezas metálicas, herrajes, porcelanas y artículos personales. Entre ellos destacaban cuatro relojes de bolsillo de oro de 18 quilates, procedentes de talleres relojeros británicos.
Uno de los ejemplares más notables había sido fabricado por la firma S.I. Tobias & Co., de Liverpool, una casa de sólida reputación entre los exportadores de relojes al mercado estadounidense.
El reloj parado a las 11:05
El reloj Tobias, con doble caja de oro, mostraba las agujas paradas exactamente a las 11:05 — unos cinco minutos después de la hora registrada oficialmente para la explosión de la caldera.
El hecho llamó la atención de los expertos y del público por la coincidencia entre la parada del mecanismo y el momento de la tragedia.
Aunque no existe prueba directa de que el reloj se parase a causa de la explosión, el daño visible en el mecanismo y la precisión de la hora hacen plausible esa relación. La pieza se convirtió en un símbolo físico del instante en que el tiempo se detuvo para quienes iban a bordo.
Valor histórico y subasta
Los cuatro relojes recuperados fueron restaurados y autenticados por expertos. La casa de subastas Skinner, en Estados Unidos, organizó su venta pública, con estimaciones de entre 12 000 y 15 000 dólares por pieza. La atención mediática que despertó el caso valió el apodo de Titanic del siglo XIX al Pulaski, dado el perfil de sus pasajeros y el carácter repentino y devastador del desastre.
El reloj Tobias, en particular, despertó un gran interés entre museos y coleccionistas. La caja, la esfera y el mecanismo se conservaban sorprendentemente bien tras más de 180 años en el fondo del mar.

La recuperación de los relojes del Pulaski devolvió a la historia un capítulo olvidado de la navegación a vapor del siglo XIX. Estos objetos, silenciosos pero elocuentes, condensan en su estructura el drama de una noche de verano en la que el progreso técnico y la confianza en la máquina quedaron sumergidos de repente.
El reloj parado a las 11:05 permanece como una huella exacta del colapso — no solo del barco, sino de una época de optimismo tecnológico. Hoy, esos relojes forman parte del patrimonio histórico marítimo de Estados Unidos y representan, a escala íntima, la memoria concreta de vidas truncadas.
El reloj Divex recuperado del naufragio del HMS Hermes (1942)

En septiembre de 2017, el buceador Felician Fernando emergió de las aguas profundas de Sri Lanka con algo inesperado en la mano: un reloj de buceo Divex, cubierto de sal y de incrustaciones marinas.
El hallazgo se produjo durante una inmersión en el emblemático pecio del HMS Hermes, el primer portaaviones construido como tal desde el principio en la historia de la Marina Real británica, hundido por bombarderos japoneses en 1942.
La pieza, lejos de ser una reliquia de la Segunda Guerra Mundial, resultó ser un modelo moderno de cuarzo, que seguía funcionando y marcaba la fecha correcta.
El hallazgo despertó interés no por su valor de mercado, sino por su impresionante resistencia y por el simbolismo asociado.
El naufragio del HMS Hermes

El HMS Hermes se construyó en 1919 y fue el primer portaaviones del mundo proyectado como tal desde el principio. En abril de 1942, mientras operaba frente a la costa oriental de Ceilán (actual Sri Lanka), el barco fue atacado por aviones japoneses y hundido, con la pérdida de 307 marineros. Sus restos reposan a 53 metros de profundidad, accesibles solo para buceadores con experiencia en técnicas avanzadas.
Desde entonces, el lugar se ha convertido en un punto de culto para buceadores militares y civiles, con varias operaciones conmemorativas realizadas a lo largo de las décadas.
El descubrimiento del reloj
Alrededor de un mes antes del hallazgo, el 25 de julio, un grupo de buzos de la Marina Real británica, junto con colegas de la Marina de Sri Lanka, realizó una inmersión conmemorativa en el Hermes. Durante esa inmersión colocaron una bandera naval británica en el casco del barco como homenaje a los fallecidos de 1942.
Fue en ese contexto cuando un sargento cingalés perdió su reloj, en algún punto de la zona de popa del barco.
Durante una inmersión posterior, Felician Fernando encontró el reloj junto a las hélices, vueltas hacia arriba. Lo guardó en el bolsillo del traje y terminó la inmersión con el periodista y buceador Jason Heaton.

El reloj Divex
El ejemplar recuperado pertenece a la gama Divex Professional 200m, con movimiento de cuarzo Seiko VX, corona a las 4 y correa de caucho ventilada. La marca Divex, con sede en Aberdeen (Escocia), suministra desde hace décadas equipos de buceo para uso comercial y militar, incluidos relojes técnicos de producción limitada.
Aunque se vendía por poco más de 80 libras, el reloj demostró una gran robustez: siguió funcionando tras semanas a 175 pies de profundidad en agua salada, con la esfera todavía legible y la fecha exacta.
La misteriosa corrosión
El estado del reloj sorprendió a los buceadores: pese a haber pasado solo un mes sumergido, la caja mostraba signos extensos de corrosión galvánica.
Este fenómeno se produce cuando metales diferentes (como el acero y el aluminio) están en contacto directo dentro de una solución conductora – en este caso, agua de mar a 29 °C. Esa reacción explica la sal acumulada alrededor del bisel del reloj.
Devolución a su propietario
Tras la inmersión, Fernando se puso en contacto con la unidad de buceo de la Marina de Sri Lanka y confirmó que el reloj pertenecía al sargento Munasinghe, que lo había perdido durante una descompresión. El objeto fue devuelto a través del hijo de Fernando en la base de Trincomalee, lo que cerró un capítulo breve pero simbólico de la historia del Hermes.
Un tesoro sumergido diferente
Este episodio no tuvo que ver con monedas de oro, cofres ni relojes de lujo. Fue, en cambio, una conmovedora historia de feliz casualidad – una historia que refuerza la idea de que los relojes llevan algo más que el tiempo: guardan recuerdos.





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