CRONÓGRAFOS

El tiempo y los deportes están invariablemente ligados. Es una relación tan evidente que a menudo pasa desapercibida. A lo largo de los años se han utilizado diversos tipos de contadores para evaluar el rendimiento de los atletas. Los primeros cronógrafos, usados en las carreras de caballos, podrían considerarse los precursores del moderno videoarbitraje. Desde entonces se han desarrollado cronógrafos cada vez más precisos y sofisticados. La interpretación de sus escalas, así como la comprensión de su funcionamiento y de su mecánica, sigue siendo un enigma para muchos, un misterio que nos proponemos desvelar.
RELOJES SIMPLES, CRONÓGRAFOS Y CRONÓMETROS
Un reloj simple muestra las horas, los minutos y los segundos, pero tener la capacidad de indicar el tiempo difiere significativamente de la capacidad de contarlo. En el universo deportivo existen dispositivos específicos llamados cronómetros, que se utilizan para medir el tiempo transcurrido en las competiciones.
Es importante diferenciar entre los contadores deportivos, erróneamente denominados cronómetros, y los cronómetros de relojería.
En relojería, un cronómetro es un reloj cuya precisión ha recibido la certificación individual de una entidad oficialmente reconocida, como por ejemplo el COSC (Contrôle Officiel Suisse des Chronomètres). No deben confundirse con los cronómetros utilizados en las competiciones deportivas. Esos aparatos, comúnmente llamados cronómetros en el deporte, son en realidad cronógrafos.
Cronómetros de relojería

Contador deportivo, frecuentemente denominado cronómetro
Pero, al fin y al cabo, ¿qué define a un cronógrafo?
Un cronógrafo es un reloj equipado con una función adicional de cómputo del tiempo. El término «cronógrafo» deriva de «crono» (tiempo) y «grafo» (escritura), y significa literalmente «escritor del tiempo», pues originalmente estos dispositivos registraban el tiempo de forma escrita.

EL ORIGEN
El cronógrafo, tal como lo conocemos hoy, surge de las innovaciones de diversos relojeros a lo largo de la historia. George Graham, en 1720, introdujo el primer dispositivo capaz de medir intervalos de tiempo de forma independiente, basándose en la parada y la puesta en marcha de un péndulo. Aunque en 1822 Rieussec bautizó como cronógrafo su invención, que efectivamente marcaba el tiempo con una gota de tinta en la esfera, está ampliamente aceptado que el «compteur de tierces» de Louis Moinet, creado en 1816, merece el título de primer cronógrafo de la historia.

Este innovador mecanismo funcionaba con una frecuencia de 216 000 alternancias por hora, equivalente a 30 Hz, lo que permitía subdividir el segundo en sesenta fracciones, todo ello impulsado por un oscilador de foliot. A modo de comparación, un reloj corriente funciona hoy con una frecuencia de 14 400 oscilaciones por hora, es decir, 4 Hz. Estos avances constituyeron algunas de las contribuciones iniciales más significativas en la evolución del cronógrafo. Sin embargo, existen otros inventores menos célebres, como Adolphe Nicole, que también desempeñaron papeles cruciales en el perfeccionamiento de este mecanismo, en particular mediante la creación del primer sistema que permitía a la aguja volver a cero.
ESCALAS Y DIVISIONES
La gran mayoría de los cronógrafos tiene la capacidad de medir horas, minutos y segundos, utilizando para ello tres agujas y escalas con divisiones estándar. No obstante, además de estas escalas tradicionales, a menudo se añaden otras más especializadas, como las escalas taquimétrica y telemétrica. Los relojes equipados con tales escalas se denominan según la escala en cuestión y reciben, por ejemplo, los nombres de taquímetros o telémetros. Estas son, de hecho, las escalas más comunes en los cronógrafos, pero existen otras, más raras, como las pulsométricas, asmométricas o decimales.
Telémetro Angelus, pulsómetro con escala asmométrica Angelus y taquímetro Omega

Los taquímetros se utilizan para calcular la velocidad de un objeto a partir de tiempos marcados en intervalos predefinidos. Para determinar la velocidad de un automóvil que recorre la distancia entre dos marcas separadas por 1 km, basta con activar el cronógrafo al pasar por la primera marca y detenerlo al pasar por la segunda. La aguja del cronógrafo indicará entonces la velocidad a la que se ha desplazado el vehículo. Por ejemplo, si la aguja se detiene en la marca de los 30 segundos de la escala estándar, una mirada atenta a la escala taquimétrica revelará que la velocidad correspondiente es de 120 km/h. Si el automóvil tardó 30 segundos en completar 1 km, significa que viajó a 2 km por minuto, lo que equivale a 120 km/h.

Por otro lado, los telémetros permiten medir la velocidad de propagación del sonido, unos 330,7 m/s, o aproximadamente 1 km en 3 segundos. Si, por ejemplo, activamos el cronógrafo al ver un relámpago y lo detenemos al oír el trueno, la aguja indicará la distancia a la que se encuentra la tormenta. Esta escala se aplicó mucho en situaciones de guerra para medir la distancia a la que se encontraban las armas del enemigo.

En algunos cronógrafos, especialmente en los más complicados, como el famoso Breitling Navitimer, se integran reglas de cálculo que permiten realizar una serie de cálculos adicionales, como el consumo de combustible o el tiempo de vuelo.

ASPECTOS FUNCIONALES
Los cronógrafos tienen tres funciones básicas: puesta en marcha, parada y puesta a cero, y estas funciones se accionan normalmente mediante dos pulsadores. Así pues, si hay tres funciones para dos pulsadores, necesariamente uno tendrá que desempeñar dos funciones. Uno de los pulsadores permite activar la puesta en marcha y la parada: cuando se presiona, la aguja del cronógrafo empieza a moverse cada quinto de segundo, en un reloj de 18 000 a/h, y completa una vuelta cada minuto. Al presionar de nuevo el mismo pulsador, se interrumpe el sistema de cronógrafo. Durante esta parada, un clic en el segundo pulsador devuelve la aguja del cronógrafo a la posición inicial. Este es el funcionamiento más común de un cronógrafo, pero existen varias opciones, como por ejemplo los cronógrafos de pulsador único, monopoussoir, o monopusher, que actualmente permiten desempeñar todas las funciones, excepto la reanudación tras la parada. Después de la parada, con un solo pulsador, solo es posible ejecutar una función y, naturalmente, esa función tiene que ser la puesta a cero y no la reanudación del cómputo.

Los cronógrafos se clasifican normalmente según aspectos funcionales o aspectos de construcción mecánica. Los aspectos funcionales tienen en cuenta la forma en que se presentan los cómputos, lo que resulta del número de totalizadores, agujas o pulsadores.
Los cronógrafos simples poseen una sola aguja central, independiente, llamada aguja de cronógrafo. Todo el mecanismo está controlado por un único pulsador, que permite poner en marcha, parar y volver a cero. Este tipo de mecanismo tiene el inconveniente de realizar solo cómputos de 60 minutos. Son ejemplos el Omega Chronostop, el Singer Flytrack o incluso los relojes de parquímetro de los años 70, que contaban los minutos de estacionamiento transcurridos.

Los cronógrafos contadores añaden a los simples los totalizadores de minutos y, a veces, de horas. Este es el sistema más común. Los totalizadores son subesferas con escalas y agujas propias, que normalmente están dispuestas a las 3 h y a las 6 h, lo que permite añadir un pequeño segundero a las 9 h, creando así cierta simetría.
A. Lange & Söhne 1815 Rattrapante
Los cronógrafos de ratrapante, rattrapante o splitsecond, incluyen movimientos más complejos: tienen dos agujas centrales superpuestas, una de ellas la de cronógrafo, igual a las anteriores, y la otra la ratrapante, que permite realizar cómputos intermedios. Estos relojes tienen dos pulsadores, como los anteriores. El primero permite poner en marcha y detener el mecanismo y el segundo permite la puesta a cero. Además de estos dos pulsadores, existe un tercero que, con un solo clic, detiene la aguja ratrapante y, con otro, la envía junto a la aguja de cronógrafo, avanzando ambas al mismo tiempo a partir de ese momento. El Lange & Söhne Triple Split Ref. 424.038F es un excelente ejemplo de rattrapante, especialmente porque le siguieron dos maravillas tecnológicas, el cronógrafo ratrapante doble y el triple, que son al mismo tiempo cronógrafos flyback, todo ello con tres pulsadores y 10 agujas.

En los inicios de la aviación algunos pilotos recurrían a un tipo de cronógrafo muy particular que facilitaba el cálculo de distancias y velocidades, sin necesidad de la parada y la puesta a cero habituales, por separado. Son los cronógrafos de retorno instantáneo, retour-en-vol, o flyback. El funcionamiento es muy sencillo: estos relojes inician su marcha con el pulsador de puesta en marcha y parada, un segundo clic en ese mismo pulsador detiene la aguja de cronógrafo y un clic en el segundo pulsador permite la puesta a cero, como en todos los demás. Hasta aquí, nada nuevo. La diferencia es que, una vez en marcha la aguja de cronógrafo, el segundo pulsador permite la puesta a cero seguida de su reinicio automático. Es decir, tras una lectura rápida, un clic permite iniciar automáticamente un nuevo cómputo. Los cronógrafos de retorno instantáneo son modelos frecuentes en varias marcas.

Todos estos cronógrafos realizan cómputos mínimos hasta el segundo, pero ¿y si fuera necesario dividir un segundo en varias partes? En ese caso necesitamos un cronógrafo con aguja fulminante; los términos más usados son foudroyante en francés o split-seconds en inglés; los italianos la llaman «diavoletto», diablillo.

En realidad se trata de una tecnología bastante antigua: el compteur de tierces de Louis Moinet, el que se considera el primer cronógrafo, tiene una aguja fulminante. Siempre que los cómputos tienen divisiones superiores a un segundo e inferiores a un minuto se dice que son cronógrafos con aguja semifulminante. Por ejemplo, el Zenith El Primero Striking 10th tiene una aguja central que da 6 vueltas por minuto, lo que permite contar 1/10 de segundo, o el Jaeger-LeCoultre Duomètre à Quantième Lunaire que realiza el mismo cómputo pero en un totalizador dedicado.
Zenith El Primero Striking 10th y Jaeger-LeCoultre Duomètre à Quantième Lunaire
Este mecanismo es posible gracias a las diferentes frecuencias: un movimiento de 14 400 a/h, por ejemplo, hace 4 oscilaciones por segundo, lo que permite una medición de 1/4 de segundo. El Zenith El Primero, que hace 36 000 a/h, permite divisiones de 1/10 de segundo y, con la misma frecuencia, el TAG Heuer Calibre 360 cuenta 1/100 de segundo. Estos cronógrafos con agujas fulminantes consumen bastante energía, y si el F. P. Journe Centigraphe Souverain recurre eficazmente a un solo barrilete, el Jaeger-LeCoultre Duomètre à Chronographe usa, con sobriedad, dos barriletes para alimentar todo el mecanismo. Una forma ingeniosa de dividir un segundo en partes puede verse en el Longines Nonius, en el TAG Heuer Grand Carrera 36 RS Caliper o en el Alain Silberstein iKrono.
TAG Heuer Calibre 360 | Longines Nonius | Alain Silberstein iKrono
Todos estos modelos hacen uso de un nonio, invención del célebre matemático portugués Pedro Nunes. En los ejemplos del Longines Nonius y del iKrono, el nonio se encuentra integrado directamente en la aguja del cronógrafo. La interpretación de las mediciones no resulta sencilla: exige entender qué marca de la escala del nonio coincide con la escala del cronógrafo y contar todas las marcas precedentes, lo que permite determinar con precisión las décimas de segundo.
La manera en que se desplaza la aguja del totalizador de minutos permite también distinguir entre diferentes tipos de cronógrafos. Existen tres patrones de movimiento para estas agujas: pueden ser continuas, deslizándose de forma constante; instantáneas, moviéndose en un salto brusco; o semiinstantáneas, deslizándose durante la mitad de la trayectoria antes de dar un salto. Las más frecuentes son las semiinstantáneas, en las que la aguja del totalizador de minutos inicia su movimiento a partir de los 58 segundos y recorre la mitad del camino hasta el minuto siguiente en los 2 segundos posteriores; transcurridos esos dos segundos, da un salto final para señalar el cambio de minuto. Este mecanismo puede observarse claramente en un vídeo grabado con el móvil en modo de cámara lenta. Los cronógrafos que incluyen totalizadores de horas son menos frecuentes y, por lo general, poseen totalizadores de minutos que funcionan en modo semiinstantáneo.
ASPECTOS DE CONSTRUCCIÓN MECÁNICA
Casi todos los cronógrafos tienen una rueda de arrastre (1), fijada sobre el eje de segundos y engranada con la rueda de embrague (2); la aguja de cronógrafo inicia su movimiento cuando la rueda de cronógrafo (3) entra en contacto con la rueda de embrague. En el caso del famoso ETA 7750, la rueda de arrastre fue sustituida por un piñón oscilante.
Movimiento 321 de Omega, con indicación de la
rueda de arrastre (1), la rueda de embrague (2), la rueda de cronógrafo (3) y la rueda de pilares (4)
En este proceso intervienen dos tipos posibles de mando: mecanismo de levas o rueda de pilares.
Mecanismo de levas | Rueda de pilares
Las excéntricas o levas son piezas cuyo eje de rotación no está centrado, de modo que cuando se las presiona giran hasta alcanzar una posición única.
Además del sistema de levas, existen otras excéntricas llamadas corazones debido a su forma. En la puesta a cero, estos corazones desempeñan un papel importante.
Levas identificadas en un movimiento de cronógrafo
Tanto la rueda de embrague como la rueda de cronógrafo tienen dientes triangulares, pero los de la rueda de cronógrafo son más numerosos y están menos espaciados, lo que reduce el salto que da la aguja de cronógrafo debido al engrane de los dientes de las dos ruedas.

Rueda de arrastre a la izquierda | rueda de embrague arriba (dientes triangulares) | rueda de cronógrafo a la derecha (dientes triangulares)
El mando accionado por ruedas de pilares confiere una sensación de mayor exactitud al utilizar los pulsadores; sin embargo, su montaje exige tolerancias muy estrictas y, con frecuencia, se considera que los costes de producción superan los beneficios aportados por el aumento de la precisión. La transición de la rueda de pilares a otras soluciones no fue sencilla y dio lugar a diversas patentes, dado que el ciclo de funciones (poner en marcha, parar y volver a cero) se consigue más fácilmente con una pieza que gira sobre sí misma, como la rueda de pilares, que con piezas que solo realizan rotaciones parciales.

Rueda de pilares
La rueda de pilares es fácilmente identificable por su parecido con un castillo redondo con murallas y es visible en algunos mecanismos de alta calidad, aunque con frecuencia está oculta en los cronógrafos de Patek Philippe.
Patek Philippe Ref. 5172 con rueda de pilares oculta
El funcionamiento de la rueda de pilares comienza con el clic en el pulsador de puesta en marcha/parada: al presionar este pulsador movemos una palanca denominada mando, con un gancho en la punta que encaja en la base de la rueda de pilares, constituida por una rueda con dientes Breguet, es decir, en forma de sierra. Dicho gancho hace girar la base y, en consecuencia, toda la rueda de pilares: provoca la rotación de la rueda de la base y, solidariamente, de toda la rueda de pilares, que gira siempre en el mismo sentido, sin invertirlo nunca. Este proceso lleva el pico del embrague a situarse entre dos de los pilares de la rueda de pilares y de ese modo empuja la rueda de embrague contra la rueda de arrastre, lo que da lugar a la puesta en marcha del sistema de cronógrafo. La parada se produce cuando el gancho provoca una segunda rotación de la rueda de pilares y, con ella, una nueva posición del pico del embrague, con la consiguiente separación entre la rueda de embrague y la rueda de arrastre o el piñón oscilante. La puesta a cero se acciona por medio de una segunda palanca que en un extremo tiene un martillo y en el otro dos puntas; el martillo penetra entre los pilares de la rueda de pilares y, cuando eso ocurre, cada punta hace girar una excéntrica, situándose en su parte más plana. La rotación de las dos excéntricas da como resultado la vuelta a cero de las agujas de los totalizadores del cronógrafo.
Además del mando del cronógrafo, otro elemento diferenciador es el sistema de embrague. En un coche, un embrague transmite la rotación del motor a los engranajes de la caja de cambios. En un reloj, el embrague transmite la rotación del muelle real y del barrilete a los engranajes del sistema de cronógrafo. Existen embragues horizontales y otros más modernos, los verticales. Los horizontales mueven la rueda de embrague hasta que sus dientes engranan con los dientes de la rueda de cronógrafo.
Embrague vertical del calibre Rolex 4130 que equipa el Rolex Daytona
Embrague vertical del Caliber 9SC5 que equipa el Grand Seiko Tentagraph
En los embragues verticales el movimiento se transmite por fricción, con la superposición concéntrica de la rueda de arrastre y la rueda de cronógrafo, que comparten el mismo eje.
Detalle del calibre Rolex 4130
Es como si la rueda de cronógrafo fuera un disco de vinilo que cae sobre la rueda de arrastre, el plato del tocadiscos. Un buen ejemplo de movimiento con embrague vertical es el calibre 4130 que equipa los Rolex Daytona más recientes. Este sistema de embrague permite un arranque más preciso de la aguja de cronógrafo, ya que no existe el salto inicial provocado por el engrane de los dientes. En la práctica, sin embargo, es muy difícil percibir estas diferencias.
CRONÓGRAFOS ESPECIALES
La batalla por la concepción del primer cronógrafo automático en 1969 es una historia narrada con frecuencia, en la que participan el Zenith El Primero, el Seiko 6139 y el consorcio formado por Breitling, Buren, Hamilton, Heuer y Dubois-Depraz. Esta innovación, el cronógrafo automático, representó un hito importante para la época, especialmente teniendo en cuenta los limitados recursos disponibles.
MB&F Sequential EVO
A lo largo de los más de cincuenta años que siguieron, los maestros relojeros nunca han dejado de innovar; he aquí algunos de los ejemplos más inventivos. El MB&F Sequential EVO, con su sistema Twinverter, concebido por Stephen McDonnell, introdujo una serie de innovaciones notables, al reunir dos cronógrafos independientes pero interconectados en el mismo reloj.

Tal configuración permite la existencia de una aguja de cronógrafo y otra ratrapante, ambas funcionando de forma autónoma. Este mecanismo, gobernado por dos ruedas de pilares, dispone de 4 totalizadores: dos de 60 segundos y dos de 30 minutos cada uno.
Se acciona mediante cinco pulsadores: cada uno de los cronógrafos se maneja con dos pulsadores y el quinto sirve para activar la función Twinverter. En la práctica, esto se traduce de la siguiente manera: si ambos cronógrafos están parados, se ponen en marcha simultáneamente; si ambos están en funcionamiento, se detienen a la vez; si uno está funcionando y el otro no, al presionar el quinto pulsador (el pulsador Twinverter) a las 9 horas, el que está en marcha se detiene y el que está parado arranca. Este cronógrafo incluye también un embrague vertical que no funciona por fricción, sino por engrane con dos ruedas simultáneamente. Como resultado, el funcionamiento del cronógrafo no interfiere en la amplitud del movimiento del volante.
Grönefeld 1941 Grönograaf

Otra innovación relevante llegó con el Grönefeld 1941 Grönograaf, que destaca por su sistema que suaviza la vuelta a cero de la aguja de cronógrafo. Este movimiento suele ser brusco y causa desgaste en varias piezas, pudiendo incluso hacer que las agujas se suelten.

AgenGraphe AGH-6361
La solución adoptada recurre a dos contrapesos de oro, que utilizan la fuerza centrífuga para suavizar este proceso, de manera similar a la que se encuentra en los repetidores de minutos, convirtiéndose así en un verdadero espectáculo de mecánica relojera visible a través de la esfera. Al observar el mecanismo se descubren otras innovaciones, como palancas equipadas con martillos de rubí.
AgenGraphe AGH-6361: Singer Reimagined Track 01, Moser Streamliner y Fabergé Visionnaire
El AgenGraphe AGH-6361, producido por AgenGraphe y utilizado en el Singer Reimagined Track 01, en el Moser Streamliner (modificado para el HMC 902) y en el Fabergé Visionnaire, figura entre los cronógrafos más innovadores de los últimos tiempos.
Lo que destaca de inmediato en este mecanismo es su insólita configuración en forma de dónut, con los totalizadores del cronógrafo (segundos, minutos y horas) concentrados todos en el centro, en lugar de distribuidos alrededor de la esfera como es habitual. Con indicación instantánea de horas y minutos, rueda de pilares y embrague vertical, este mecanismo automático tiene el rotor situado debajo de la esfera, por encima del movimiento. Dado que el centro está dedicado a los tres totalizadores, en el caso del Singer las horas y los minutos se muestran en anillos giratorios en la periferia; el anillo exterior muestra las horas y el interior, los minutos, y la hora correcta la indica un índice fijo a las 6 horas.
Este es un artículo técnico de relojería dirigido a entusiastas y coleccionistas; si le queda alguna duda, póngase en contacto con nosotros o deje un comentario en el cuadro de mensajes de más abajo.







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